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Anidando en el porche

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lunes, 21 de septiembre de 2009

Ruido y silencio en ley laboral

Doraldina Zeledón Úbeda
END - 16:18 - 20/09/2009

Es interesante la cantidad de instrumentos jurídicos y administrativos en materia de salud y seguridad ocupacional. En algunos casos me parecen repetitivos, como sucede con la nueva Ley General de Higiene y Seguridad Laboral (Ley 618), que incluye lo que ya está en el Código del Trabajo. Pero es mejor que abunde a que falte; sin embargo, se repite en unos temas y en otros con costo se mencionan, como el ruido.

La Ley contiene disposiciones para la prevención y control de riesgos laborales y prevención de enfermedades. Sería bueno conocerla a profundidad. Para cada tipo de trabajo, para cada ambiente, se van detallando necesidades de equipos de protección, condiciones laborales, exámenes médicos (que deben incluir los de audición). Se habla de ventilación, iluminación, espacio suficiente, temperatura, malos olores, polvo, pisos no resbaladizos. Veamos algunos artículos:

El 98 expresa que los pisos, paredes y techos tendrán una iluminación, ventilación y temperatura adecuada, y la altura mínima del techo será de 2.60 metros. En cuanto a locales destinados a cocinas, el artículo 101 dice que se efectuará la captación de humos, vapores y olores desagradables. No habla del control de ruidos, que algunas veces se genera con los extractores de aire. Los locales destinados a dormitorios de los trabajadores deberán estar provistos de ventanas que permitan una adecuada ventilación e iluminación natural (Art. 96). No menciona la necesidad de silencio para descansar y dormir.

La Ley tampoco se refiere al ruido en el caso de trabajadoras embarazadas. Sin embargo, el artículo 7 inciso “e” habla de la protección de la maternidad. Ni se menciona la señalización en caso del ruido, porque los trabajadores pueden sentir que les molesta, pero no saber qué tan perjudicial es. Inclusive, puede no molestar, pero sí afectar.

Como vemos, los diferentes elementos contaminantes del ambiente laboral se ven de manera transversal en la Ley. En el caso del ruido hay un silencio transversal. Sin embargo, ¿cuántas personas tienen problemas de audición por causa laboral? ¿Y cuántos afectados hay por efectos extra auditivos? Un solo capítulo se dedica al tema, con un sólo artículo, el 121. Se refiere a los ruidos de impulso o de impacto, y que “a partir de los 85 dB (A) para 8 horas de exposición y siempre que no se logre la disminución del nivel sonoro por otros procedimientos se establecerá obligatoriamente dispositivos de protección personal tales como orejeras o tapones”

El artículo no habla de reducir la jornada laboral a la mitad por cada 3 decibeles que se sobrepasen. Tampoco aclara para qué tipo de ambientes se permiten los 85 decibles. Entonces, si en una oficina de atención al público o en una tienda donde son comunes los amplificadores de sonido, se llega a esos niveles, se puede aceptar como válido. Claro, son normas mínimas y se puede ampliar en disposiciones específicas, inclusive en los convenios colectivos. La misma ley establece que el Ministerio del Trabajo determinará los requisitos que deben reunir los centros en materia de higiene y seguridad (Art.4). Sin embargo, no debería haber silencio en una norma general, pues como se le da poca importancia al ruido, es posible que en las normativas específicas, también se olvide. Cabe aclarar que existe una resolución ministerial anterior a la Ley 618, que contempla la reducción de la jornada. Ya es un derecho adquirido.

Sabemos que el ruido altera varias funciones, no sólo la audición. Uno de los efectos más comunes es el estrés. Éste propicia otras enfermedades o retarda su curación. Los médicos siempre lo enfatizan: si usted se estresa, será peor. Y si el trabajador se enferma, se afecta su economía y la de la empresa. Y aumenta el número de personas con discapacidad auditiva, lo cual trae otra serie de repercusiones que los empleadores obvian.

Entonces, al no contemplar de forma explícita la contaminación acústica de manera transversal, esto se debería hacer al aplicarla, y analizar en cada ambiente laboral este factor contaminante. Por ejemplo, el artículo 97 dice que los comedores de las empresas deben estar separados de focos insalubres o molestos. El ruido es molesto e insalubre. Y en algunos comedores se instalan equipos de sonido con música a altos niveles sonoros.

También la Ley menciona la reducción de la jornada por motivos de insalubridad (Art. 307), se debe incluir el ruido.Para la construcción de escuelas y hospitales debería haber normativas especiales que aseguren el acondicionamiento acústico. Y el control de actividades, pues de nada serviría tener un edificio que no permita la inmisión de ruido externo, si las actividades internas, como las bandas musicales, son generadoras de ruidos y un gran riesgo para la voz de los docentes.

Hay mucho que conocer en la Ley, esto es apenas una muestra que nos lleva a ver tareas urgentes en Nicaragua: formación de profesionales en acústica, normas técnicas que determinen los niveles sonoros máximos para cada ambiente específico y según los efectos auditivos y extra auditivos del ruido. Divulgar y aplicar las leyes. Y que los sindicatos velen por su derecho constitucional a “condiciones de trabajo que les garanticen la integridad física, la salud, la higiene y la disminución de los riesgos.” Vale decir, prevención y protección frente ruido.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

¿Mata el ruido?

Doraldina Zeledón Úbeda

END - 19:26 - 30/08/2009
Hay personas que me preguntan por qué no escribo sobre la basura o sobre leyes. Otros, sobre cosas agradables. En cambio hay quienes desean más sobre ruido. La verdad que sí escribo sobre otros temas. Si pudiera, me dedicaría a investigar y escribir más sobre ruido, pues hay mucho qué decir. Por ejemplo, se sigue citando la Ley de delitos ambientales, que ya fue derogada por el Código Penal, artículo 566, numeral 34; ahora, para este caso rige el artículo 534 del Código.
También se dice que 65 dBA es el máximo para no afectar la salud. Habría que aclarar que es para no afectar la salud auditiva; pues niveles más bajos pueden afectar la salud, por ejemplo el sistema cardiovascualar o producir estrés. Y en cuanto a que no parezca agradable el tema, hay muchas cosas que no son agradables, pero sí necesarias, como las medicinas; o mantener una dieta (no las “dietas” por asistir a ciertas reuniones).
Sobre el ruido se puede escribir desde diferentes ángulos. A mí me ha motivado que cause tantos problemas y se le dé tan poca atención. Es como ver que tiran un montón de basura frente a vos y no movás los labios. Pareciera que no tenemos discernimiento, que no fuéramos “homo sapiens”. Según he leído, así pasó con el tabaco y ahora ya sabemos cuánto cuestan y cuánto duelen sus efectos.
A veces parece exagerado decir que el ruido enferme, y peor que mate. Los diputados esto deben tomarlo como una locura, pues para ellos es una simple falta, tipificada en el Código Penal. Lo he dicho y lo seguiré diciendo, pues es una irresponsabilidad mortal apostar con la salud y el medioambiente. Porque “Si non facéis las cosas, mas las viereis, / si por la lengua no las repudiareis, / es como ver cargar la cruz / y con los ojos aplaudiereis.” (Cancionero de Milán).
Si se analizaran bien las causas de muerte o de las enfermedades, y si contáramos con estadísticas sobre el problema, probablemente no nos asustara ni sería una exageración decir que el ruido mata. Hace varios años me llamó la tención una afirmación de la Organización Mundial de la Salud (OMS): una exposición de largo plazo al ruido del tráfico con valores de 65 a 70 dBA (decibeles A), de nivel promedio durante 24 horas, también puede tener efectos cardiovasculares. (Guías para el ruido urbano).
Lo peor es que cada día el ruido aumenta, debido a muchos factores, entre ellos la falta de prevención y control; no sólo de parte de las autoridades, también de las empresas, organizaciones, instituciones y la propia población. Y nos preocupamos poco porque no estamos claros de si realmente es grave. A veces porque otros problemas nos agobian más, pero si encima del ajetreo o la desesperación por conseguir el gallopinto de cada día, estamos estresados por el ruido, la salud puede peligrar. Somos agredidos por el ruido en todas partes y en todo momento: en la propia casa, en el vecindario, el trabajo, el comercio, el turismo, la iglesia, en la calle, en actividades recreativas. Sin embargo, los diagnósticos ambientales no lo incluyen, porque la gente no lo menciona. Seguramente no lo menciona porque los instrumentos que se elaboran para recoger información como insumo para los planes, no lo toman en cuenta.
En 2007 varios periódicos y sitios de Internet del mundo reprodujeron una noticia publicada por la revista New Scientist, sobre los efectos del ruido en la salud, basada en un estudio de la OMS. Son investigaciones del otro lado del mar, aquí todavía no las tenemos; pero el ruido afecta en cualquier parte. Copio una de las notas informativas:
“La OMS corrobora que el ruido es causa de mortandad prematura de miles de personas3 Noviembre, 2007, de Rubén Roa
Tan sólo el ruido ocasionado por el tráfico contribuye a un 3% de las defunciones por ataques cardíacos o apopléjicos en Europa, según señala un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicado por la revista “New Scientist”.En este informe se afirma que, dado que alrededor de siete millones de personas mueren anualmente de enfermedades cardiacas en todo el mundo, puede calcularse en unas 210.000 los fallecidos como consecuencia del ruido.
Esta investigación asegura que más de 600.000 años potenciales de vida sana se pierden todos los años en Europa por culpa de enfermedades y minusvalías relacionadas con el exceso de ruido. La música a todo volumen causa asimismo la pérdida de capacidad auditiva, algo que afecta a casi un 2% de los niños y jóvenes europeos de entre siete y diecinueve años. Asimismo, un 2% de los europeos sufren perturbaciones graves del sueño por culpa de esa contaminación sonora y al menos un 15% se quejan de molestias.
Los científicos de la OMS que han llevado a cabo el estudio señalan que la exposición a niveles de ruido de 50 o más decibeles basta para originar problemas cardiovasculares. “Hasta ahora, el ruido había sido como la cenicienta entre los tipos de contaminación sin que se le prestase demasiada atención”, declara el profesor Deepak Prasher, del University College de Londres y uno de los autores del estudio. (…)
La producción constante de hormonas del estrés pueden causar en el metabolismo humano alteraciones de larga duración que ponen la vida en peligro, advierten los expertos”.