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Anidando en el porche

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Violencia acústica intrafamiliar

11 de diciembre de 2012

Managua, Nicaragua http://www.elnuevodiario.com.ni/opinion/271720

Doraldina Zeledón Úbeda | Opinión

Según la Ley 779, “Ley Integral contra la Violencia hacia las Mujeres y de Reformas a la Ley 641, “Código Penal”, violencia psicológica es la acción u omisión destinada a degradar o controlar las acciones, comportamientos, decisiones y creencias de la mujer por medio de la intimidación, manipulación, coacción, comparaciones destructivas, vigilancia eventual o permanente, insultos, amenaza directa o indirecta, humillación, aislamiento o cualquier otra conducta que implique un perjuicio en la salud mental, la autodeterminación o su desarrollo personal”

La violencia acústica, forma de violencia ejercida a través del sonido (F. Miyara), es una de esas otras conductas que pueden perjudicar la salud, intimidar, degradar, destruir, humillar. Dice el principio de no violencia: “La violencia contra las mujeres constituye una violación de las libertades fundamentales limitando total o parcialmente el reconocimiento, goce y ejercicio de los derechos humanos”. ¿Y por qué será necesaria una ley para no gritarle a la mujer?

Recuerdo tres hechos: un niño que se escondía cuando el papá le gritaba a su esposa. Y en otro, era a los niños a quienes maltrataba, pero ellos no hacían caso, sino que también gritaban. El pequeño apenas comenzaba a hablar, no se le entendía, pero utilizaba el mismo tono que el padre. Los gritos no convencen y solo pueden generar más violencia, resistencia o intimidación. Dice la Ley que “en el caso de niños, niñas y adolescentes, no se podrá alegar el derecho de corrección disciplinaria”. ¿Y por qué códigos, leyes, tratados, convenciones, para no gritarles a niños y a niñas?

Pero los gritos no son solo por enojo o una forma de reprender al niño o pleitos entre los padres, también está la costumbre de tirar puertas, el alto volumen del televisor o la música, mientras otros de la familia duermen, leen, hacen sus trabajos. Eso también es una forma de violencia y maltrato, de irrespeto. ¿Es tan difícil bajar el volumen?

En el tercer caso, padre y madre les gritaban, pero no solo era eso, también las palabras: desde estúpido, maricón, chancho, tonto, hasta las peores. Esto ya no solo es violencia acústica, es también “violencia semántica”. Entonces, no son solo los gritos, los golpes en la mesa, los platos contra el piso, los portazos; también las palabras, el tono y el contenido mismo de lo que se dice. Por ejemplo, si le gritan “estúpida”, es más que gritar, es descalificar a la persona, denigrarla, torturarla y hasta destruirla. Si a un niño le dicen constantemente “inútil” probablemente pensará que no sirve para nada. ¿Qué haría usted, varón, si le gritan ¡estúpido!?

Los gritos van afectando la salud y las relaciones, como canta Joaquín Sabina, “y hubo tanto y tanto ruido que al final llegó el final”. Igualmente, afecta la tranquilidad y la formación de niños y niñas, que reproducen esta forma violenta de expresarse, construyendo cadenas hereditarias. Inclusive, esta cultura se transfiere en cada círculo de poder: el jefe le grita al trabajador, el trabajador a la esposa, la esposa a los niños, el mayor al menor; y la descarga, la intimidación, también llegan al perro. La violencia acústica es una herencia cultural dañina. “¿Por qué mi mamá me grita? Los gritos también hieren”, decía un joven.

Por eso, es interesante ver que la Ley contempla medidas de protección y capacitación, y programas de orientación, atención y prevención dirigidos a modificar conductas violentas y evitar la reincidencia. Y sobre todo, que haya instituciones y organizaciones que contribuyen a que esto se haga realidad.

Hay otras formas de violencia acústica: con frecuencia elevamos la voz para imponer un punto de vista. Dicen algunos que así somos, que es parte de nuestra cultura. Hablar a gritos puede ser costumbre, pero a nadie le gusta que le griten y probablemente seamos rechazados junto con nuestro planteamiento. También he visto cómo algunos profesores de danza, teatro, deportes, les gritan a los estudiantes. Y probablemente no sea por el ruido ambiental. ¿Será necesario?

Y a veces también podemos decir palabras en el tono más dulce, o gritar con la mirada o con el silencio; pero esto ya es capítulo aparte.

* Profesora, comunicadora y abogada.

martes, 11 de diciembre de 2012

Control del ruido en discotecas



Doraldina Zeledón Úbeda

Un joven universitario que busca diversión, encuentra la muerte en una discoteca. La violencia acaba con todo. El ruido es violencia y también mata. Aunque no nos demos cuenta, poco a poco va erosionando la salud. Y de un solo disparo de decibeles puede afectar el corazón. Y es una droga. Puede generar indiferencia, crear caos, interfiere la comunicación; por lo que no es fácil detectar el peligro en un ambiente ruidoso y en algunos casos rebasando la capacidad.

Se han señalado muchos factores que inciden en la inseguridad de las discotecas y el riesgo que corren los clientes. Pero, independientemente de quienes sean culpables directos, las autoridades deben prevenir y controlar su funcionamiento.

Para comenzar, es necesario aprobar la ubicación, no se pueden abrir discotecas en cualquier lugar. Luego, la construcción o acondicionamiento del local, lo cual incluye asegurar un ambiente saludable y seguro: protección contra incendios, salidas de emergencia, capacidad, asilamiento acústico, para que el ruido no afecte al vecindario.
También se debe proteger a clientes y trabajadores. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), “en esos locales se debe reglamentar la exposición ocupacional de los empleados y como mínimo, se deben aplicar las mismas normas a los clientes”.
Según leyes laborales de Nicaragua, si el nivel sonoro promedio es superior a los 85 decibeles, por cada tres decibles se debe reducir la jornada laboral a la mitad, si no se usan protectores auditivos. Es decir que si el nivel sonoro es de 91 decibeles, los trabajadores sólo deben laborar 2 horas. ¿Se cumple? ¿Supervisa el Ministerio del Trabajo?
¿Y qué pasa con los clientes? ¿Cuántos decibeles aguantan cada noche? ¿Cuántas noches al mes, cuántas al año? Dice la OMS que “después de una exposición prolongada, los individuos susceptibles pueden desarrollar efectos permanentes, como hipertensión y cardiopatía asociadas con la exposición a altos niveles de sonido. Existe preocupación respecto al efecto de la música fuerte y sonidos de impulso en los jóvenes que asisten frecuentemente a conciertos, discotecas, salas de video, cines, parques de diversión y eventos al aire libre. En esos eventos, el nivel de sonido generalmente sobrepasa los 100 decibeles LAeq (decibeles promedio). Esa exposición podría generar deficiencia auditiva significativa después de asistencias frecuentes”. “Los clientes no deben estar expuestos a niveles de sonido por encima de 100 decibeles durante un período de cuatro horas más de cuatro veces al año”.
Además de guardas de seguridad, cámaras, detectores de metales, etc., debe asegurarse que el ruido no sea excesivo; por tanto, tiene que haber un reglamento que norme niveles promedios y máximos, lo mismo que horarios. Y colocar una señal y un rótulo que advierta que el ruido afecta la salud, como se hace con los cigarrillos. Por ejemplo, "Los altos niveles sonoros pueden producir lesiones permanentes en el oído". Que sea visible y legible por su tamaño, diseño, iluminación y ubicación.

Para el control del ruido en estos lugares existen los limitadores acústicos. Son comunes en muchos países y regulados por ordenanzas. Tienen como función impedir que se sobrepasen los niveles sonoros permitidos por la normativa. Almacenan los sonidos y registran si son manipulados para alterarlos.

Las discotecas pueden financiarse estos aparatos. Así como buscan cómo hacer el lugar más atractivo, deberían utilizar tecnologías que aseguren un ambiente acústico saludable. También se puede hacer el control directo con sonómetros. Y todo establecimiento o actividad que cuente con amenización musical y publicidad sonora, debería ser regulado.

Recordemos que el ruido no sólo afecta la audición, también puede producir dolor de cabeza, náuseas, estrés, mareos. Afectar el sistema digestivo, circulatorio, respiratorio, la salud mental, la comunicación y el disfrute de muchos derechos.