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Anidando en el porche

domingo, 6 de marzo de 2011

Ruido en Estelí

El Nuevo Diario http://www.end.com.ni/opinion/100330_ruido-en--estelí

Doraldina Zeledón Úbeda

Cuando vine a estudiar a Managua lo que más me molestó fue el ruido, además del calor; pero ahora Estelí también está ruidosa. Los altos decibeles andan por la libre en las calles, a la vista de las autoridades municipales y delegados de gobierno con competencia para velar por la salud, el medioambiente y los derechos humanos. Al pasar por el centro, observé que la empresa Claro tenía instalados dos parlantes gigantes casi en los oídos del Alcalde. De repente hasta la Madre del parque queda sorda.

Hay carros circulando con música a todo volumen y con las ventanas abiertas, además está la publicidad móvil. Durante el día se aguantan los parlantes y los pitazos de los vehículos, y por la noche, la música de discotecas. Es el caso del Dr. Molina, que dice fue amenazado cuando reclamó a una tienda. Se instaló la guerra de ruidos, con el debido control, se puede evitar la guerra por ruidos. Menos mal que el tema ya está en la agenda de las autoridades y que algunos afectados ya están organizados y denuncian.

En la Farmacia Fátima me dijeron que desde Managua llega más ruido: microbusitos con parlantes para publicidad de empresas. Inclusive, laboratorios farmacéuticos. Enferman a la gente para que después compre medicinas. Y seguro se maquillan de verde, por la “responsabilidad social empresarial”. También viene ruido desde más allá, pues hay empresas extranjeras que en su país no hacen esto, y aquí se dan gusto, como Movistar.

Lo peor lo sentí en la acera del Supermercado Las Segovias. Están parqueados varios microbuses con parlantes. Los transeúntes que atendían su celular, con una mano sostenían el teléfono y con la otra se tapaban el oído libre, además tenían que caminar rápido para salir del mar de ruidos. Esto es una verdadera agresión acústica, y si se suma que las aceras son angostas y están ocupadas con ventas, la inseguridad aumenta.

Había una mesa con mantel largo en la acera del Supermercado, debajo estaba un parlante, que no se miraba, y el sonido era controlado desde un microbús, por cierto mal parqueado (esto no lo ve la Policía). Encima de la mesa, la mercadería en exhibición. La joven que atiende aguanta todo el ruido a quemarropa o a quemaoídos. Por tanto, su jornada laboral debería reducirse porque no usa protectores auditivos. Así, los parlantes en las aceras son comunes. ¿Para atraer clientes? Creo que más bien los corren, y enferman a los trabajadores que tienen que soportar, por miedo al desempleo. Sería bueno que el Ministerio del Trabajo inspeccionara la salud ocupacional en estos lugares.

En la esquina de la Mega Boutique, frente al Súper, hay otros amplificadores de sonido. En la Farmacia no hay parlantes, pero todo este ruido la invade. Me dijeron que no hallan qué hacer, pues han denunciado varias veces, pero que las autoridades no dan respuesta. “Primero porque no tenían sonómetro, después porque no lo sabían manejar. Ahora ya tienen y ya los capacitaron, entonces están esperando la ordenanza. Esto es una burla”. Yo salí sin voz, porque había que gritar para conversar. Y sucede en un día normal. ¿Cómo será para el Día de la Madre, previo a Semana Santa y en diciembre?

También está el sonido intenso de la sirena, que por cuestión de “cultura” baña tradicionalmente la ciudad con ondas acústicas. Tres veces al día, una dosis puntual y exacta contra la salud.

Si no hay ordenanza ni se aplican las leyes administrativas, está la vía penal, con el artículo 534. Se puede recurrir a la Procuraduría Ambiental. También, ir directamente al juzgado, pero se necesita abogado. Y falta organizarse más. El ruido es un contaminante muy local. Nadie va a llegar a resolver el problema puntual de cada vecindario. Aunque a veces somos muy cómodos y esperamos que otros resuelvan o que alguien venga a salvarnos.

Las ordenanzas deberían ser sencillas, de tal forma que, en algunos casos, sin necesidad de sonómetro puedan proteger a la población. También se necesitan reglamentos claros. Desde que se solicita permiso para una discoteca, se debería exigir el aislamiento acústico y la ubicación. El certificado de salud debe incluir el problema del ruido. La prevención ahorraría tiempo, recursos, enfermedades, además de dar un mayor atractivo a la ciudad, pues este caos le quita brillo al “Diamante”. Pero no todo el comercio ni todo Estelí son ruidosos, algunas tiendas no tienen parlantes, y siempre tienen clientes. Y hay barrios acogedores, donde todavía se escucha el canto de las aves y la risa de los niños en las calles.

Las viviendas, negocios, clínicas y oficinas que son afectadas, podrían tener aislamiento acústico, al menos puertas y ventanas de vidrio antirruido. Es el costo del desarrollo malentendido. He observado que algunas ya se defienden de esta forma. De paso se protegen del polvo, el humo y los malos olores.

Y por encima de todo, está el interés y la voluntad de los diferentes sectores, si Estelí quiere, en poco tiempo puede garantizar un ambiente sonoro saludable. Es trabajo conjunto: los funcionarios y la población; la Cámara de Comercio, las cooperativas de transporte, educación, salud, las organizaciones, los jóvenes, los medios de comunicación. La información y la sensibilización son primordiales. Si nos apreciamos, debemos respetarnos y respetar. Y no permitir lo que nos perjudique. Si queremos, podemos.

Esto sucede en varias ciudades, pero somos capaces de revertirlo y hacer de nuestro país y de cada ciudad un lugar atractivo y tranquilo. Contribuir con la salud de la población y al disfrute de sus derechos. Y si los políticos se preocupan por esto, deben atenuar el ruido electoral. La creatividad y el respeto por sus electores pueden generar alternativas saludables.