.

.
Anidando en el porche

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Violencia acústica intrafamiliar

11 de diciembre de 2012

Managua, Nicaragua http://www.elnuevodiario.com.ni/opinion/271720

Doraldina Zeledón Úbeda | Opinión

Según la Ley 779, “Ley Integral contra la Violencia hacia las Mujeres y de Reformas a la Ley 641, “Código Penal”, violencia psicológica es la acción u omisión destinada a degradar o controlar las acciones, comportamientos, decisiones y creencias de la mujer por medio de la intimidación, manipulación, coacción, comparaciones destructivas, vigilancia eventual o permanente, insultos, amenaza directa o indirecta, humillación, aislamiento o cualquier otra conducta que implique un perjuicio en la salud mental, la autodeterminación o su desarrollo personal”

La violencia acústica, forma de violencia ejercida a través del sonido (F. Miyara), es una de esas otras conductas que pueden perjudicar la salud, intimidar, degradar, destruir, humillar. Dice el principio de no violencia: “La violencia contra las mujeres constituye una violación de las libertades fundamentales limitando total o parcialmente el reconocimiento, goce y ejercicio de los derechos humanos”. ¿Y por qué será necesaria una ley para no gritarle a la mujer?

Recuerdo tres hechos: un niño que se escondía cuando el papá le gritaba a su esposa. Y en otro, era a los niños a quienes maltrataba, pero ellos no hacían caso, sino que también gritaban. El pequeño apenas comenzaba a hablar, no se le entendía, pero utilizaba el mismo tono que el padre. Los gritos no convencen y solo pueden generar más violencia, resistencia o intimidación. Dice la Ley que “en el caso de niños, niñas y adolescentes, no se podrá alegar el derecho de corrección disciplinaria”. ¿Y por qué códigos, leyes, tratados, convenciones, para no gritarles a niños y a niñas?

Pero los gritos no son solo por enojo o una forma de reprender al niño o pleitos entre los padres, también está la costumbre de tirar puertas, el alto volumen del televisor o la música, mientras otros de la familia duermen, leen, hacen sus trabajos. Eso también es una forma de violencia y maltrato, de irrespeto. ¿Es tan difícil bajar el volumen?

En el tercer caso, padre y madre les gritaban, pero no solo era eso, también las palabras: desde estúpido, maricón, chancho, tonto, hasta las peores. Esto ya no solo es violencia acústica, es también “violencia semántica”. Entonces, no son solo los gritos, los golpes en la mesa, los platos contra el piso, los portazos; también las palabras, el tono y el contenido mismo de lo que se dice. Por ejemplo, si le gritan “estúpida”, es más que gritar, es descalificar a la persona, denigrarla, torturarla y hasta destruirla. Si a un niño le dicen constantemente “inútil” probablemente pensará que no sirve para nada. ¿Qué haría usted, varón, si le gritan ¡estúpido!?

Los gritos van afectando la salud y las relaciones, como canta Joaquín Sabina, “y hubo tanto y tanto ruido que al final llegó el final”. Igualmente, afecta la tranquilidad y la formación de niños y niñas, que reproducen esta forma violenta de expresarse, construyendo cadenas hereditarias. Inclusive, esta cultura se transfiere en cada círculo de poder: el jefe le grita al trabajador, el trabajador a la esposa, la esposa a los niños, el mayor al menor; y la descarga, la intimidación, también llegan al perro. La violencia acústica es una herencia cultural dañina. “¿Por qué mi mamá me grita? Los gritos también hieren”, decía un joven.

Por eso, es interesante ver que la Ley contempla medidas de protección y capacitación, y programas de orientación, atención y prevención dirigidos a modificar conductas violentas y evitar la reincidencia. Y sobre todo, que haya instituciones y organizaciones que contribuyen a que esto se haga realidad.

Hay otras formas de violencia acústica: con frecuencia elevamos la voz para imponer un punto de vista. Dicen algunos que así somos, que es parte de nuestra cultura. Hablar a gritos puede ser costumbre, pero a nadie le gusta que le griten y probablemente seamos rechazados junto con nuestro planteamiento. También he visto cómo algunos profesores de danza, teatro, deportes, les gritan a los estudiantes. Y probablemente no sea por el ruido ambiental. ¿Será necesario?

Y a veces también podemos decir palabras en el tono más dulce, o gritar con la mirada o con el silencio; pero esto ya es capítulo aparte.

* Profesora, comunicadora y abogada.

martes, 11 de diciembre de 2012

Control del ruido en discotecas



Doraldina Zeledón Úbeda

Un joven universitario que busca diversión, encuentra la muerte en una discoteca. La violencia acaba con todo. El ruido es violencia y también mata. Aunque no nos demos cuenta, poco a poco va erosionando la salud. Y de un solo disparo de decibeles puede afectar el corazón. Y es una droga. Puede generar indiferencia, crear caos, interfiere la comunicación; por lo que no es fácil detectar el peligro en un ambiente ruidoso y en algunos casos rebasando la capacidad.

Se han señalado muchos factores que inciden en la inseguridad de las discotecas y el riesgo que corren los clientes. Pero, independientemente de quienes sean culpables directos, las autoridades deben prevenir y controlar su funcionamiento.

Para comenzar, es necesario aprobar la ubicación, no se pueden abrir discotecas en cualquier lugar. Luego, la construcción o acondicionamiento del local, lo cual incluye asegurar un ambiente saludable y seguro: protección contra incendios, salidas de emergencia, capacidad, asilamiento acústico, para que el ruido no afecte al vecindario.
También se debe proteger a clientes y trabajadores. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), “en esos locales se debe reglamentar la exposición ocupacional de los empleados y como mínimo, se deben aplicar las mismas normas a los clientes”.
Según leyes laborales de Nicaragua, si el nivel sonoro promedio es superior a los 85 decibeles, por cada tres decibles se debe reducir la jornada laboral a la mitad, si no se usan protectores auditivos. Es decir que si el nivel sonoro es de 91 decibeles, los trabajadores sólo deben laborar 2 horas. ¿Se cumple? ¿Supervisa el Ministerio del Trabajo?
¿Y qué pasa con los clientes? ¿Cuántos decibeles aguantan cada noche? ¿Cuántas noches al mes, cuántas al año? Dice la OMS que “después de una exposición prolongada, los individuos susceptibles pueden desarrollar efectos permanentes, como hipertensión y cardiopatía asociadas con la exposición a altos niveles de sonido. Existe preocupación respecto al efecto de la música fuerte y sonidos de impulso en los jóvenes que asisten frecuentemente a conciertos, discotecas, salas de video, cines, parques de diversión y eventos al aire libre. En esos eventos, el nivel de sonido generalmente sobrepasa los 100 decibeles LAeq (decibeles promedio). Esa exposición podría generar deficiencia auditiva significativa después de asistencias frecuentes”. “Los clientes no deben estar expuestos a niveles de sonido por encima de 100 decibeles durante un período de cuatro horas más de cuatro veces al año”.
Además de guardas de seguridad, cámaras, detectores de metales, etc., debe asegurarse que el ruido no sea excesivo; por tanto, tiene que haber un reglamento que norme niveles promedios y máximos, lo mismo que horarios. Y colocar una señal y un rótulo que advierta que el ruido afecta la salud, como se hace con los cigarrillos. Por ejemplo, "Los altos niveles sonoros pueden producir lesiones permanentes en el oído". Que sea visible y legible por su tamaño, diseño, iluminación y ubicación.

Para el control del ruido en estos lugares existen los limitadores acústicos. Son comunes en muchos países y regulados por ordenanzas. Tienen como función impedir que se sobrepasen los niveles sonoros permitidos por la normativa. Almacenan los sonidos y registran si son manipulados para alterarlos.

Las discotecas pueden financiarse estos aparatos. Así como buscan cómo hacer el lugar más atractivo, deberían utilizar tecnologías que aseguren un ambiente acústico saludable. También se puede hacer el control directo con sonómetros. Y todo establecimiento o actividad que cuente con amenización musical y publicidad sonora, debería ser regulado.

Recordemos que el ruido no sólo afecta la audición, también puede producir dolor de cabeza, náuseas, estrés, mareos. Afectar el sistema digestivo, circulatorio, respiratorio, la salud mental, la comunicación y el disfrute de muchos derechos.


jueves, 29 de noviembre de 2012

Paradojas de la fe con pólvora

Doraldina Zeledón Úbeda
Creía que la iglesia católica no podría evitar la explosión de pólvora, que si le pidiera a la población que no dispare cohetes, ésta siempre lo haría. Un sacerdote me aclaró: cuando comenzaban los rezos de la Purísima, lo escuché invitando a sus feligreses, desde una radioemisora. Decía que a las cuatro de la madrugada comienzan a tirar cohetes para que la gente se concentre, pero que la procesión comenzaba a las cinco. Las primeras detonaciones son el reloj despertador... ¡Pudieran dejarme dormir una hora más! Creía que la pólvora no era asunto de los párrocos porque cuando pasa la procesión el cura pide a María por “la salud de los que viven en este sector”.

Nos despiertan con el ruido, contaminan con el olor y las partículas, nos ponen en riesgo con las varillas de los cohetes que, todavía con fuego, caen sobre el zinc, quedan entre los árboles, se clavan en los patios y hasta se ensartan en la ropa tendida. Esto puede herir a alguien o generar incendios, como sucedió en los tramos de pólvora, causado por un cohete que cayó en el patio. Así, mientras piden por la salud, afectan el medioambiente y la salud.

¿Será imposible hacerlo sin pólvora y sin parlantes? Un día pasó una procesión diferente. Me llamó la atención y salí a ver. ¡Qué bonito se escuchaban las voces humanas puras! Y eran más claras que cuando pasan con los parlantes, que anulan las voces de la gente, dejando oír sólo la del cura.

La Policía asegura que la venta y uso de pólvora se haga sin problemas, que no haya quemados ni incendios. ¿Y la contaminación atmosférica? ¿Y el olor que queda en las calles y encerrado en las viviendas? ¿Cuánta gente salió afectada por el ruido? ¿Cuánto estrés causa? Y no es un día, se juntan los rezos a la Purísima, la Virgen de Guadalupe, al Niño Dios y por Año Nuevo.

“Policía: Exitoso “Plan María” 2010”, decía un titular. ¿Es un éxito contaminar el ambiente? ¿Es un éxito enfermar por ruido y con todos los contaminantes que componen la pólvora? En nota sobre el trabajo de los Bomberos, se cita que “el manejo de la pólvora ha estado efectivo”. Si contamina y afecta la salud, ¿habrá manejo efectivo? Además, “sólo hubo siete incendios” por “malas prácticas”. Por buenas prácticas, ¿algún periodista preguntó cuántas pérdidas de audición hubo? Claro, como dice un amigo, la pérdida de audición no es tan espectacular como ver los dedos de la mano volando por el aire.

El Ministerio de Salud se prepara para atender a los quemados. ¿Cuántos también tuvieron pérdida de audición? ¿Cuántos de los que llegan por problemas respiratorios fue por causa de la contaminación? ¿Cuánta presión arterial alta fue a causa del ruido? Cuánta acidez estomacal, náuseas, dolor de cabeza, etc. Sería interesante tener estadísticas.

La Procuraduría Ambiental dice que para ella “el ruido es una prioridad”. Y ha invitado a la población para que denuncie. ¿Por qué no incidir para la prevención en vez de esperar que se queje? Cuando la gente reclama es porque ya el problema se dio y es insoportable; es decir, porque quienes tienen la obligación de prevenir, han fallado. Desde que invitan a denunciar es porque poco hicieron para evitarlo.

El Instituto de Turismo podría impulsar celebraciones sin pólvora, pero ya hasta sobre las aguas del Río San Juan estalló el ruido. A lo mejor también retumbó en el Cañón de Somoto. Y la Alcaldía, responsable por el medioambiente y la salud de los habitantes de su municipio, ¿qué hace para evitar el ruido? Podría fomentar actividades sin amplificadores y sin pólvora.

Y en algunas noticias pareciera que los Medios la promueven, como sucede con la nota titulada “Cuidado con la pólvora de baja calidad. La del dragoncito es la original.” Según la ¿información? ¿publicidad?, esta marca es mejor, no como las “que ponen en riesgo a las personas que manipulan esta pólvora y a la población en general”. La otra, la “buena”, ¿no pone en riesgo el medioambiente y a las personas? Inclusive se recuerda que esta marca “de buena calidad” da instrucciones para manejarla: “en los combos de pólvora que ellos diseñan para niños, jóvenes y adultos viene un menú instructivo donde se indica cómo se debe usar”. Me da la impresión que la redactó el dragoncito.

Así, en medio de contradicciones, con ruido y pólvora le cantamos a la Embajadora de la Paz. Y, desde el Estado laico, se celebra como un acto religioso.

Pero es alentador saber que Nagarote se perfumó con el olor de la flor del madroño para recibir a María y a su Niño: en vez de cortarlos para adorno, sembró más. Ojalá que el Alcalde vele para que el gris olor a pólvora no manche el blanco olor de nuestro árbol nacional. Y que los ruidos estruendosos no enmudezcan los arrullos de la Madre para que nuestro Pipito lindo pueda dormir en Nagarote.


Pintura de Leoncio Sáenz

¿Qué hacer ante la complicidad y omisión de las autoridades?
- Aléjese del lugar donde se explota la pólvora
- Use tapones auditivos
- Donde la contaminación atmosférica es mucha, o si tiene problemas respiratorios, use mascarillas
- Proteja a los niños y a personas mayores
- Proteja a su perro
- Para la próxima, podemos promover celebraciones con coros, sin pólvora y sin parlantes. Cada iglesia, cada escuela, cada barrio podría formar sus grupos. Sería maravilloso oír voces humanas armonizadas en las procesiones y en los altares.


¡Feliz Navidad! Y un Año Nuevo con menos ruido.

Publicado en El Nuevo Diario
END - 19:50 - 17/12/2010Sábado, http://www.elnuevodiario.com.ni/opinion/90559

martes, 18 de septiembre de 2012

La Palabra Esencial

Luis Bueno
www.efeteando.com

Cuentan que hace muchos años, en un pequeño país, habitaba una mujer sabia. A ella acudían, desde lejanas tierras, personas en busca de consejo y sabiduría. Todos encontraban ánimo con sus palabras y ella disfrutaba compartiendo. Su fama se había extendido tanto, que cada vez llegaban más y más personas de lugares más remotos, en busca de una palabra suya. Tantos, que cada vez resultaba más complicado poder atenderlos a todos.

Por ello, fue alargando las horas del día que dedicaba a recibir a los visitantes, a entregar una palabra útil o a escuchar de un modo respetuoso y amable los cientos de historias, cuestiones, dudas, que cada uno le traía.
Y alargar las horas no fue solución porque la gente seguía llegando cada vez en mayor número. Y así, su pasión, nacida de su deseo de ser útil, se iba convirtiendo en un esfuerzo agotador. Y sintió que necesitaba hacer algo.

Y buscando una solución, reflexionó si podría encontrar una palabra esencial. Esa palabra capaz de llegar al corazón de todos y cada uno de los que hasta allí se desplazaban, para concederles la luz, la sabiduría y el consejo que necesitaban, independientemente de aquello que estuviese en su corazón. Así, podría llegar a muchos con esa única palabra, y todo sería más sencillo.

¿Sería posible encontrar “la palabra esencial”?. Esa palabra que recogiera el alma de todas las palabras, el común denominador de todas las enseñanzas, el pilar del árbol de la sabiduría.

Y con esta intención convocó a todos los hombres y mujeres sabios conocidos. A todos los maestros de los distintos territorios. Y cuando allí llegaron, les hizo la insólita propuesta:

Necesito vuestra ayuda para encontrar “la palabra esencial”. Ésa que sea principio y fin, luz y camino, oportunidad y poder. Esa palabra que permita a quien la escuche, sea cual sea su necesidad, entender las respuestas que necesita.

Y así empezaron las discusiones. Y todos y cada uno de ellos fueron pidiendo su turno exponiendo cuál, a su entender, era la palabra esencial:

Rápidamente surgió la palabra AMOR. Dulce y profunda palabra. Pero casi con la misma inmediatez surgieron voces manifestando cuánta dependencia, cuánto dolor, cuánto sufrimiento se había derrochado invocando esa palabra. Y cuántas personas habían sentido que su vida no era tal si éste no respondía a sus pretensiones. Sin olvidar a aquéllos que habían olvidado, si es que alguna vez habían tenido ocasión de aprenderlo, que el verdadero amor empezaba en uno mismo. Para todos ellos la palabra AMOR no era la palabra. Y fue desechada como palabra esencial.

El siguiente en alzar la voz propuso la palabra PERDÓN. Amable y necesaria palabra. Y aunque rápidamente convinieron en su poder, no fueron pocos los que empezaron a cuestionar su idoneidad. Tanta gente había construido su existencia desde la falta de PERDÓN o desde la equívoca ignorancia de que éste era algo que se recibía de otros o se entregaba a otros olvidándose de uno mismo, que no parecía que fuera la palabra esencial. También se descartó.

Otro propuso la palabra PAZ. Pero él mismo, pacíficamente, cayó en la cuenta pronto de cuántas desdichas y enfrentamientos innecesarios se habían sustentado sobre el innegable valor de tan valioso propósito. Tanta lucha, en pos de la PAZ, había devaluado el íntimo sentido de ésta. Tampoco era la palabra buscada.

Y así, una tras otra, se fueron desechando palabras tales como CONFIANZA, AMISTAD, INTENCIÓN, LIBERTAD, PROPÓSITO, GRATITUD… Todas eran valiosas, grandes, pero ninguna parecía reunir los requisitos para convertirse en la palabra esencial válida para todos.

Mientras todo esto ocurría, uno de los sabios presentes guardaba silencio. Un silencio tan envolvente, amable, sincero, dulce y abierto, que llenaba de valor y solemnidad cada instante allí vivido. Y fue entonces que nuestra protagonista, que sabía leer en los mensajes más escondidos y entender las señales menos visibles, comprendió.

Y empezó a hablar. Nos hemos esforzado en encontrar la palabra. Hemos analizado desde la cabeza. Hemos valorado desde la razón. Todos y cada uno de nosotros hemos perseguido un resultado único. Una palabra esencial. Y sin embargo, señalando al que guardaba silencio desde el inicio, él nos está enseñando donde radica el misterio que buscamos. La fuente original de comprensión y poder. El valor preciso en instantes de desconcierto. La verdadera palabra esencial.

La palabra que estamos buscando no existe, porque esa palabra se ha cubierto de silencio para que sólo pueda ser escuchada desde el interior. Desde lo más íntimo, desde lo más callado. Desde el respeto sereno y silencioso uno escucha lo que precisa. Desde la paz tranquila del recorrido interno, el silencio brinda la verdadera respuesta.

Todos, en silencio, entendieron el verdadero valor del descubrimiento. Y todos, en silencio, escucharon lo que en ese momento necesitaban entender y escuchar. Y se produjo el milagro. Ese silencio tomo tantas formas y significados como los allí presentes. Y todos gozaron de esa falta de palabra.


Y desde ese día, cada visitante, cada viajero, cada persona que llegaba pidiendo, buscando o solicitando, recibía una invitación a escuchar esa palabra sin palabras. Ese silencio nutritivo, en el que saciar la sed del buscador. Esa conexión íntima con la esencia que las palabras no podían atrapar.

Y eran muchos los que, en un silencio cálido y compartido, escuchaban su propia palabra. Y su palabra se hacía vida.

Y este aprendizaje también se extendió por tierras lejanas, y la palabra hecha silencio, y el silencio poblado de palabras, se convirtieron en manantial de comprensión. Y el silencio acompañó los oídos abiertos de todos los que quisieron escuchar. Y ese silencio permitió a muchos escuchar sus propias palabras esenciales, su verdadero sentido y significado…

Y desde ese día, nada volvió a sonar igual.
Desde el silencio… Salud y paz

Enviado por Miguel Angel Romero desde Formación para Formadores(MiguelAngel@formacionparaformadores.

Gracias al autor "Bueno", por permitirnos compartirlo.

sábado, 1 de septiembre de 2012

Violencia acústica intrafamiliar

Doraldina Zeledón Úbeda

Según la Ley 779, “Ley Integral contra la Violencia hacia las Mujeres y de Reformas a la Ley 641, "Código Penal", violencia psicológica es la acción u omisión destinada a degradar o controlar las acciones, comportamientos, decisiones y creencias de la mujer por medio de la intimidación, manipulación, coacción, comparaciones destructivas, vigilancia eventual o permanente, insultos, amenaza directa o indirecta, humillación, aislamiento o cualquier otra conducta que implique un perjuicio en la salud mental, la autodeterminación o su desarrollo personal”

La violencia acústica, forma de violencia ejercida a través del sonido (F. Miyara), es una de esas otras conductas que pueden perjudicar la salud, intimidar, degradar, destruir, humillar. Dice el principio de no violencia: “La violencia contra las mujeres constituye una violación de las libertades fundamentales limitando total o parcialmente el reconocimiento, goce y ejercicio de los derechos humanos”. ¿Y por qué será necesaria una ley para no gritarle a la mujer?

Recuerdo tres hechos: un niño que se escondía cuando el papá le gritaba a su esposa. Y en otro, era a los niños a quienes mal-trataba, pero ellos no hacían caso, sino que también gritaban. El pequeño apenas comenzaba a hablar, no se le entendía, pero utilizaba el mismo tono que el padre. Los gritos no convencen y sólo pueden generar más violencia, resistencia o intimidación. Dice la Ley que “en el caso de niños, niñas y adolescentes, no se podrá alegar el derecho de corrección disciplinaria”. ¿Y por qué códigos, leyes, tratados, convenciones, para no gritarles a niños y a niñas?

Pero los gritos no son sólo por enojo o una forma de reprender al niño o pleitos entre los padres, también está la costumbre de tirar puertas, el alto volumen del televisor o la música, mientras otros de la familia duermen, leen, hacen sus trabajos. Eso también es una forma de violencia y maltrato, de irrespeto. ¿Es tan difícil bajar el volumen?

En el tercer caso, padre y madre les gritaban, pero no sólo era eso, también las palabras: desde estúpido, chancho, tonto, hasta las peores. Esto ya no sólo es violencia acústica, es también “violencia semántica”. Entonces, no son solo los gritos, los golpes en la mesa, los platos contra el piso, los portazos; también las palabras, el tono y el contenido mismo de lo que se dice. Por ejemplo, si le gritan “estúpida”, es más que gritar, es descalificar a la persona, denigrarla, torturarla y hasta destruirla. Si a un niño le dicen constantemente “inútil” probablemente pensará que no sirve para nada. ¿Qué haría usted, varón, si le gritan ¡estúpido!?

Los gritos van afectando la salud y las relaciones, como canta Joaquín Sabina, “y hubo tanto y tanto ruido que al final llegó el final”. Igualmente, afecta la tranquilidad y la formación de niños y niñas, que reproducen esta forma violenta de expresarse, construyendo cadenas hereditarias. Inclusive, esta cultura se transfiere en cada círculo de poder: el jefe le grita al trabajador, el trabajador a la esposa, la esposa a los niños, el mayor al menor; y la descarga, la intimidación, también llegan al perro. La violencia acústica es una herencia cultural dañina. “¿Por qué mi mamá me grita? Los gritos también hieren”, decía un joven.

Por eso, es interesante ver que la Ley contempla medidas de protección y capacitación, y programas de orientación, atención y prevención dirigidos a modificar conductas violentas y evitar la reincidencia. Y sobre todo, que haya instituciones y organizaciones que contribuyen a que esto se haga realidad.

Hay otras formas de violencia acústica: con frecuencia elevamos la voz para imponer un punto de vista. Dicen algunos que así somos, que es parte de nuestra cultura. Hablar a gritos puede ser costumbre, pero a nadie le gusta que le griten y probablemente seamos rechazados junto con nuestro planteamiento. También he visto cómo algunos profesores de danza, teatro, deportes, les gritan a los estudiantes. Y probablemente no sea por el ruido ambiental. ¿Será necesario?

Y a veces también podemos decir palabras en el tono más dulce, o gritar con la mirada o con el silencio; pero esto ya es capítulo aparte.

lunes, 20 de agosto de 2012

Mi voto es ecológico

Doraldina Zeledón Ubeda

Madre, que dar pudiste de tu vientre pequeño
tantas rubias bellezas y tropical tesoro,
tanto lago de azures, tanta rosa de oro,
tanta paloma dulce, tanto tigre zahareño.

Yo te ofrezco el acero en que forjé mi empeño,
la caja de armonía que guarda mi tesoro,
la peaña de diamantes del ídolo que adoro
y te ofrezco mi esfuerzo, y mi nombre y mi sueño.

“Nicaragua”, Rubén Darío (1889).

Ríos sin agua, bosques sin árboles, fauna sin aves ni “tigre zahareño”; urbanismo sin urbanización, terrenos sin suelo, lagunas-basureros, descanso sin tranquilidad, niños sin futuro: sucios, desnutridos, enfermos. Todo producto de los problemas ambientales originados por la misma humanidad: contaminación de ríos que hacen escasear el agua, incendios sin planes de prevención, tala incontrolada de bosques; consumismo y falta de educación que aumentan el problema de la basura y el agotamiento de los recursos naturales; el ruido que no nos importa; la emisión de gases de los vehículos que contamina y calienta la atmósfera; en fin, la muerte de los “lagos azures”, el deterioro de ecosistemas y paisajes, pérdida del “tropical tesoro”, de la biodiversidad gracias a la cual vivimos y que Darío cantara hace más de un siglo, pero que si viniera, no encontraría.

Son estos algunos de los problemas ambientales en el país y en cada municipio, además de la pobreza, debido a la injusta distribución de la riqueza que Dios le dio a Nicaragua, pero que no hemos sabido valorar ni compartir.

Las autoridades municipales son las responsables inmediatas de la solución a los problemas del municipio, entre ellos los problemas ambientales. Todas las áreas de la gestión edilicia deberían contemplar la dimensión ambiental: en la ordenación del territorio, en la construcción, en el transporte, en el comercio, en la educación. El medioambiente debería ser parte de los planes y programas, y por ende de los presupuestos, porque si dicen que defienden el medio ambiente, pero no contemplan una partida financiera, no harán mucho. También se debe integrar en las relaciones internacionales, para adquirir recursos, económicos, técnicos, profesionales, etc. Y los municipios vecinos, muchas veces pertenecientes una misma región natural o que comparten un recurso natural, como un río o un bosque, no deberían preocuparse sólo por ver a quién le pertenece, sino unirse por el desarrollo y protección de esos recursos y de la región.

El trabajo por el medioambiente tenemos que tomarlo más en serio, no sólo las autoridades, todos tenemos la obligación, no podemos seguir contaminando y destruyendo los recursos naturales. Ni quejándonos por la falta de agua, del calor o del ruido, tenemos que actuar conjuntamente con las autoridades. Si cada persona aporta en la medida de sus posibilidades, si no esperamos a que nos resuelvan todos los problemas sin mover un dedo, la sociedad sería otra. Hay municipios muy laboriosos, de los cuales emana vida, dinamismo y hasta orgullo, que si se lo proponen, arrancarían de verdad, sin estar esperando que el país arranque sobre la base de discursos y pactos. Y corrupción sobre corrupción. Pero se necesita líderes, autoridades municipales que no defrauden al pueblo. Y se necesita ciudadanos y ciudadanas que, como Rubén Darío, cada quien en su dimensión, le digan a su terruño: “y te ofrezco mi esfuerzo, y mi nombre y mi sueño”.

Estamos en período de elecciones. Seguramente cada candidato habrá integrado a su programa la defensa del medioambiente. Tiscapa, el río Estelí, el río Negro, las Canoas, el barrio Hugo Chávez, el turismo ecosostenible, las vedas, las tierras indígenas, etc., serán ingredientes en las campañas. Ahora que comiencen, desmenucemos los programas, veamos cuál es la realidad o si sólo serán parte de los discursos. Analicemos a los candidatos y candidatas, cuál ha sido su compromiso por el medioambiente y su grado de credibilidad, porque en las elecciones municipales es más fácil este análisis, ya que los candidatos son más cercanos y por lo tanto más conocidos. Entonces, nuestro voto sería por el programa que más defienda el medioambiente y por el candidato más creíble.

Y si el medioambiente sigue siendo la cenicienta, entonces, en cada municipio deberíamos hacer un listado de los problemas ambientales y las estrategias para enfrentarlos, y aportar sugerencias para que los candidatos las integren en sus programas. Por ejemplo, incluir planes contra incendios, para estar preparados y que las llamas no se lleven nuestros pinos, y no seguir apagando el fuego con las ramas de los mismos árboles. Proyectos de educación ambiental, no sólo en las escuelas, ni sólo relacionados con la siembra de árboles o recogida de basura, sino programas integrales relacionados con las diferentes áreas del medioambiente; y no como una asignatura que haya que aprobar, sino para formar hábitos y valores, para sensibilizarnos y actuar con responsabilidad en el medio y por el medio. Incentivos para las personas y organizaciones que trabajan por el medioambiente, como lo contempla la Ley 217. Reforestación. Iniciativas de leyes, por ejemplo para un sistema de reducción y gestión de residuos y no quedarnos sólo en recoger la basura y trasladar el problema a otro lugar, es como quitar la basura del frente de la casa y llevarla al patio, para que no se vea. O la ley de ruido. O aplicar la ley de costas, para que el turismo no siga comiéndose la tranquilidad que buscan los turistas o los pedacitos de costa que aún quedan, como en San Juan del Sur.

Tantos problemas ambientales, tantas acciones por realizar. Las elecciones municipales deberían ser un reto para mejorar la calidad de vida de todos, mejorando el medio ambiente. Veamos qué ofrecen. Y digámosles: “mi voto es ecológico”. Pero no basta el voto, hay que darles seguimiento y apoyarlos. ¿Y si no cumplen?, ¡a botarlos!


La autora es docente, comunicadora y abogada ambientalista.


El Nuevo Diario- 24 de MAYO de 2004| Managua, Nicaragua

Me gustas cuando callas

Pablo Neruda

Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
Y parece que un beso te cerrara la boca.

Como todas las cosas están llenas de mi alma
emerges de las cosas, llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía.

Me gustas cuando callas y estás como distante.
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:
Déjame que me calle con el silencio tuyo.

Déjame que te hable también con tu silencio
Claro como una lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.

Me gustas cuando callas porque estás como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, alegre de que no sea certo.

martes, 24 de abril de 2012

DIA INTERNACIONAL DE LA CONCIENCIA SOBRE EL RUIDO

17° DIA INTERNACIONAL DE LA CONCIENCIA SOBRE EL RUIDO 25 DE ABRIL DE 2012 Ruido en Nicaragua: http://nica42.tripod.com/evfuturo

jueves, 26 de enero de 2012

Buses nuevos: ¿menos ruido?

Doraldina Zeledón Úbeda | Opinión

El Nuevo Diario http://www.elnuevodiario.com.ni/opinion/239715
26 de enero de 2012

Qué extraño. Y qué bueno. Ya se puede conversar en la sala sin tener que hacer pausas mientras pasa el ruido urbano. ¿Será por los buses nuevos? Me dispuse a observar y en efecto así es. Otro día, uno hizo parada frente a mi casa (aunque aquí no hay parada establecida), y llevaba música a todo volumen. Entonces, el ruido ambiental se disminuye, pero el interno sigue. Es una lástima. Esto, encima de que molesta y enferma, propicia la acción delincuencial dentro de los vehículos y la desatención de los conductores.

Es una pena que no se traten los problemas de manera integral. Aunque el objetivo de traer nuevos buses esté demasiado lejos de disminuir la contaminación acústica, se podría aprovechar ese hecho. Ver de manera global la problemática y resolver de forma conjunta situaciones relacionadas. El ruido del tráfico rodado no depende sólo del estado del vehículo, también influye la velocidad, las aceleradas a fondo, el estacionarse con música a todo volumen, el abuso de las bocinas. Todo esto puede solucionarse con una simple decisión. ¿Por qué no aprovechar la entrada de nuevos vehículos para normarlo? O más bien, para aplicar las leyes que ya existen.


Pero también tiene que ver el estado de las calles, el tipo de material usado en el revestimiento, la congestión vehicular. Entonces, sería saludable trabajar de manera conjunta. Y también, a la par de controlar el ruido y emisión de gases, cuidar el aspecto visual de los buses; por ejemplo, evitando tanta publicidad que los afea y contamina la ciudad. ¿Acaso molesta verlos tan blanquitos y limpios? Y una charlita a los trabajadores del volante, sobre derechos humanos. Una campaña para no destruirlos y normas de cortesía. También para los usuarios.

No cuesta mucho actuar de manera integrada. Sin embargo, parece difícil. Tampoco entiendo por qué el ruido es permitido y consentido, inclusive por las autoridades de medioambiente y de salud. Y nunca pude entender por qué la Policía no aplica la Ley de Tránsito, cuando hasta las multas por ruido están estipuladas. El Instituto Regulador del Transporte Municipal de Managua, Irtramma, el Ministerio de Transporte e Infraestructura, las instituciones medioambientales y de salud deberían aunar esfuerzos.


Quizás a algunos funcionarios les ea difícil entender el problema porque viven en zonas donde el bullicio no existe o tienen los recursos para insonorizar sus viviendas. Y si viajan en vehículos cerrados, no pueden escuchar lo que pasa en las calles. Me pregunto cómo reaccionarían si llegara un pobre mortal y les dice: ya no aguanto, estoy estresado, desesperado, mi mamá está enferma, y el ruido, la pitadera de los vehículos, la ponen peor, ayúdeme por favor, quiero que mi vieja viva tranquila sus últimos años…

Porque no es cuento que el ruido enferme, pero por más cuentos que hagamos no se entiende ni se atiende. Quizás porque se necesita de altos niveles sonoros para narcotizar a la gente. Y porque las empresas pagan impuestos, entonces que suban los decibeles. Como no se puede estar mal con ellas, hay que permitirlo. Además, para algunos políticos el ruido es útil, para confundir, embotar y enmascarar; si lo prohíben, estarían fregados.

Así las cosas, sólo nos queda esperar y empujar para que nos vayamos dando cuenta de que el ruido enferma, que es un contaminante más. Que, aunque el ambiente sonoro saludable no tiene color, si nos pintamos de verde debe ser de manera integral. Si sembramos árboles, si hacemos campañas para no tirar la basura a la calle, si denunciamos los olores insoportables, si cuidamos el agua, cuidamos también el aire de la contaminación por emisiones sonoras. Para que Managua mejore su ambiente, se necesita controlar la contaminación acústica, devolver también el derecho a la salud y a la tranquilidad. No podemos estar en armonía con la naturaleza si los sonidos no armonizan. Cuidar el medioambiente es para mejorar la calidad de vida y esto no pude alcanzarse si hay ruido. ¿Tendremos que arrancar esos derechos?, como dijo José Martí, “los derechos se toman, no se piden, se arrancan, no se mendigan”.

Ojalá que poco a poco se vayan integrando las políticas y viendo el medioambiente de manera integral. Y que el “centro de control satelital que vigila el funcionamiento de las unidades”, como dicen las noticias, incluya también un sonómetro. Ya es tiempo de que le entremos al ruido, que no lo obviemos ni lo subvaloremos. Aunque no se vea, se siente y causa daños. Y mata. ¿O acaso es lo que heredaremos a las futuras generaciones?

martes, 3 de enero de 2012

Compromiso social de los medios de comunicación por el desarrollo acústicamente sostenible

V Congreso Latinoamericano de Humanidades “Humanidades: La Ética a inicios del Siglo XXI”
Granada, Nicaragua, 25 al 28 de septiembre de 2001 Universidad Politécnica de Nicaragua

Este trabajo en colaboración, posible gracias al humanismo y a la solidaridad, mediante el uso de la tecnología, está dedicado a la memoria de

Julia Elvira Verdeja Madre de Federico Miyara

Doraldina Zeledón Úbeda
Universidad Politécnica de Nicaragua
Federico Miyara
Universidad Nacional de Rosario, Argentina
Jordi Mulet Arias Universidad Politècnica de Catalunya, España

Síntesis
La contaminación por ruido es un flagelo de difícil control. Ante esto se han conformado movimientos que propugnan por la toma de conciencia con respecto al abuso indiscriminado de la Naturaleza, pero en el caso de la contaminación acústica no se ha tenido esa suerte, porque al ruido no se le da importancia.
En Nicaragua se necesita motivación y esclarecimiento acerca de los daños que causa la contaminación acústica, para que la población y las instituciones tomen conciencia del problema. En el caso de otros países, la lucha es para que se cumplan las leyes y se realice un mejor trabajo en defensa del medio ambiente.
Nuestro objetivo es motivar y apoyar a los medios de comunicación en su labor a favor del medio ambiente y por un desarrollo sostenible, específicamente, por un desarrollo acústicamente sostenible. El propósito de trabajar en colaboración, desde la perspectiva de tres países (Argentina, España y Nicaragua), es aprovechar la experiencia en la lucha contra el ruido, para apoyar iniciativas en países con menor desarrollo.
En este trabajo analizamos conceptos de desarrollo sostenible y su adecuación al desarrollo acústicamente sostenible; definiciones de ética y deontología, aplicadas al periodismo. Abordamos algunos conceptos de ruido y efectos de éste en la población. Finalmente planteamos propuestas para el trabajo de los medios de comunicación, las cuales tienen como fundamento el análisis de la realidad en lo que respecta a la contaminación acústica, análisis de publicaciones con temática alusiva, consultas a periodistas y nuestra experiencia en el campo de la acústica y la comunicación.

I. Introducción
La contaminación por ruido (sonido no deseado) se ha transformado en un flagelo de difícil control en las sociedades modernas. Vehículos, fábricas, comercio, construcción, actividades sociales y de esparcimiento, configuran fuentes de ruido tradicionalmente asociadas al desarrollo, al progreso; en fin, al avance de la civilización, y en tal carácter, aceptadas como un mal necesario, y en muchos casos hasta como una suerte de bendición.
Se ha asignado una importancia tan grande al desarrollo económico, se lo considera un valor tan apetecible, que se tienden a tolerar con indulgencia cómplice todas sus lacras: corrupción, inequidad en la distribución de las riquezas, discriminación, deterioro de la calidad de vida, contaminación ambiental.
Este estado de cosas no es nuevo en el curso de la historia. Diversos imperios han florecido, alcanzado el apogeo, y luego caído al desintegrarse las bases morales y éticas de las sociedades en que se sustentaban. Hoy se agrega un nuevo elemento, inimaginable apenas un siglo atrás: la capacidad del ser humano de alterar irreversiblemente su hábitat, y aun la de destruir gran parte de la vida terrestre, incluyéndose a sí mismo, mediante el armamento nuclear. Este peligro no es despreciable en un contexto de permanentes conflictos bélicos (económico-políticos) que no acaban de resolverse.
El consumo de recursos naturales no renovables ha sido tan vertiginoso que su agotamiento es inminente. Las consecuencias de la liberación en pocas décadas de la energía acumulada durante millones de años y la contaminación asociada, podrían ser calamitosas. En este contexto han surgido movimientos ambientalistas, los que han propugnado la toma de conciencia sobre el abuso de la Naturaleza y la realización de acciones concretas, como la constitución de organismos no gubernamentales, los manifiestos, la investigación y las presiones a los gobiernos; con lo que se ha logrado acuerdos regionales e internacionales, la adopción de legislación o la incorporación de contenidos ambientales en las Cartas Magnas. El concepto de sostenibilidad aparece como alternativa viable para no seguir empeorando las cosas.
La tarea es, no obstante, ciclópea, pues se debe revertir una tendencia enquistada en la sociedad, la cual se manifiesta en un sinnúmero de hábitos individuales y sociales equivocados y muy difíciles de cambiar sin una labor continua de esclarecimiento. Las instituciones educativas tienen el papel clave de desarrollar contenidos ambientales sistemáticamente. Pero los procesos de cambio social con base sólo en la educación formal requieren al menos una generación, por lo que también hace falta la educación informal y asistemática, que no restringe el espectro de los potenciales destinatarios a la población escolar. Esta labor la pueden llevar a cabo los medios de comunicación masiva, tanto como vehículos de una información originada fuera de ellos (por ejemplo, campañas gubernamentales) como mediante iniciativas propias, cristalizadas en políticas editoriales, investigaciones periodísticas, convocatorias, etc.
Nos hemos apartado del problema central ¾la contaminación acústica, o contaminación por ruido¾ para mirar la cuestión con perspectiva más amplia: la de la contaminación ambiental en general. El tratamiento que se le da al ruido como problema ambiental con respecto a otros factores de riesgo (contaminación del aire y el agua, disposición de residuos) guarda la misma relación que la consideración de éstos frente a otros problemas humanos (por ejemplo, el crecimiento económico, o el desarrollo de tecnologías complejas). Por eso decimos que el ruido es la Cenicienta de la Cenicienta.

II. Desarrollo sostenible

La locución “desarrollo sostenible” aparece por primera vez en 1980, en la “Estrategia Mundial para la Conservación”, publicada por la Unión Mundial para la Naturaleza, el Programa de la ONU para el Medio Ambiente y el World Wide Fund For Nature (WWF) [1].
Entendemos por sostenibilidad la posibilidad de mantener funcionando indefinidamente un sistema que consume recursos mediante una gestión que permita su renovación y evite su desgaste irreversible. Y por desarrollo, el aumento del bienestar, una mejora permanente y apreciable en las condiciones de vida de la población mundial. Definimos el desarrollo sostenible, entonces, como una mejora permanente de las condiciones de vida de la población mundial mediante un sistema de gestión que asegure la renovación y disponibilidad continua de los recursos necesarios para ello.
Existen otras definiciones. Según el Informe Brundtland, de 1987, es un “desarrollo que satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer las propias” [2]. A esta definición, ampliamente aceptada, le falta la dimensión política. ¿Necesidades de quiénes? ¿Determinadas por quiénes? ¿Vamos a sostener la desigualdad para las generaciones futuras? A menudo las necesidades de los diversos estratos sociales, comunidades y naciones son muy diferentes y hasta contrapuestas. Además, las necesidades futuras podrían diferir de las actuales, y las previsiones de hoy no permitirían prever ni realizar las de mañana.
Otra definición clásica, adoptada en la Ley General del Medio Ambiente y los Recursos Naturales, de Nicaragua, define el desarrollo sostenible como “Mejorar la calidad de vida humana sin rebasar la capacidad de carga de los ecosistemas que la sustentan”, donde la capacidad de carga se define como “los límites que los ecosistemas y la biosfera pueden soportar sin sufrir un grave deterioro” [3]. Esta definición es incompleta, ya que el agotamiento de algunos recursos no renovables (como el petróleo) no necesariamente debe deteriorar gravemente los ecosistemas y la biosfera (aunque en realidad lo haga por una mala utilización); y sin embargo privaría a la sociedad futura de la posibilidad de disponer de esos recursos. Por otra parte, como los ecosistemas tienen una dimensión local y otra global, podría suceder que la capacidad de carga esté cerca del límite en una región y no en otra. Los países dominantes, ya saturados, aprovechan esto para trasladar sus industrias contaminantes a los países subdesarrollados, los cuales debido a su régimen de vida más austero sobrecargan menos sus ecosistemas. Además de injusta, ésta es una posición ambientalmente equivocada, ya que los efectos locales se proyectan tarde o temprano con alcance global.
Estas definiciones ignoran el aspecto central del necesario equilibrio en la distribución de la riqueza. Al haber recursos limitados, su concentración en sectores sociales minoritarios, despoja a la mayoría de tales recursos, afectando la satisfacción de sus necesidades. Además, estimula el despilfarro, que se manifiesta en prácticas industriales como la obsolescencia planificada, o en la aparición de espejismos tecnológicos que, bajo la ilusión de una mejora de la calidad de vida, coadyuvan a perpetuar el círculo vicioso del consumismo.

En 1994 los presidentes de la región centroamericana suscribieron en Managua la Alianza Centroamericana para el Desarrollo Sostenible (ALIDES) [4], en la cual se define el desarrollo sostenible como “Un proceso de cambio progresivo en la calidad de la vida del ser humano, que lo coloca como centro y sujeto primordial del desarrollo, por medio del crecimiento económico con equidad social y la transformación de los métodos de producción y de los patrones de consumo, y que se sustenta en el equilibrio ecológico y el soporte de la región”, añadiendo luego que “este proceso implica el respeto a la diversidad étnica y cultural regional, nacional y local, así como el fortalecimiento y la plena participación ciudadana en convivencia pacífica y en armonía con la Naturaleza, sin comprometer y garantizando la vida de las generaciones futuras”. Este concepto, integrado al Plan Ambiental de Nicaragua (2000-2005) [5], contempla aspectos políticos ausentes en las otras dos definiciones.

III. Sostenibilidad acústica
¿Cómo ubicar el ruido en el marco de la sostenibilidad? Explícita o implícitamente, las definiciones de desarrollo sostenible se refieren a actividades consumidoras de recursos que podrían ser no renovables y, por lo tanto, no estar disponibles en el futuro. En el caso del ruido el recurso que se compromete es el silencio, la apacibilidad, y no puede decirse, en principio, que se agote, ya que bastaría suprimir las fuentes para recuperarlo íntegro.
Pero, ¿es posible acallar las fuentes de ruido? Para responder a esta interrogante podemos establecer un paralelo con un recurso renovable bajo condiciones apropiadas: los árboles. El abuso de ese recurso (la tala indiscriminada) va reduciendo su cantidad y disponibilidad. Recuperarlo no es imposible, pero requiere decisiones, esfuerzo y acciones específicas; y, sobre todo, lleva tiempo. Lo mismo sucede con el silencio. El abuso de los elementos que atentan contra él (vehículos ruidosos o con escaso mantenimiento; recreación y costumbres ruidosas), reduce la “disponibilidad” del silencio, y recuperarlo requiere decisiones, esfuerzo y tiempo. Cuestiones de tradición, casi de institucionalización y hasta de ritualización1 del ruido [6] dificultan la labor de descontaminación.
Otra característica de la contaminación asociada a la sostenibilidad es la acumulación del agente contaminador, pues su evacuación es más lenta que su producción. La acumulación se puede manifestar como un incremento paulatino e irreversible hasta llegar a una saturación (por ejemplo: la disposición de residuos en rellenos sanitarios), o como un equilibrio en un nivel del contaminante mayor que el que se verifica en la Naturaleza. El primer caso se da cuando el contaminante no se degrada naturalmente (o demora demasiado); el segundo, cuando hay algún mecanismo natural de evacuación del contaminante. El ruido pertenece a esta última categoría, ya que se convierte muy rápidamente en calor. Aun en estos casos el nivel de equilibrio está en función de la sobrecarga, lo cual significa que si hay más emisores o son más intensos, el equilibrio se da en un nivel más elevado. En el caso del ruido, el equilibrio por encima de lo natural durante largos períodos, puede tener efectos pertenecientes a la primera categoría, como los efectos sobre la salud, tanto auditiva como no auditiva, el deterioro de la calidad de vida y efectos
El ruido pasa a formar parte de diversos ritos implícitos o explícitos en la sociedad. Por ejemplo los festejos privados o públicos, la aproximación de jóvenes parejas (en la discoteca), los espectáculos deportivos, etc.

ambientales sobre la biodiversidad (por ejemplo: el éxodo de algunas aves responsables del control de ciertos insectos plagas).
A la luz de la discusión anterior, podemos definir la sostenibilidad acústica como el funcionamiento indefinido de una comunidad con una contaminación por ruido suficientemente baja como para no causar alteraciones irreversibles en la salud humana o en la biota. [7]
Como el ruido es un fenómeno local (pues no se propaga muy lejos de la fuente), podemos hablar en principio de una comunidad, en lugar de la humanidad, como en el caso del concepto general de sostenibilidad. Pero hay que tener en cuenta que una comunidad no es un sistema cerrado, en cuanto a flujos de tecnología. Esta consideración es pertinente en lo que se refiere a equipamiento acústicamente obsoleto en el país de origen.
Podemos definir el desarrollo acústicamente sostenible, entonces, como la mejora continua en la calidad de vida de una comunidad, de modo que sus hábitos, costumbres y tecnologías no provoquen ruidos que alteren irreversiblemente la salud humana o la biota.
Teniendo en cuenta la ya citada definición de ALIDES [4], el desarrollo acústicamente sostenible requiere especialmente “la transformación de los métodos de producción y de los patrones de consumo”, a lo cual cabe agregar la transformación de los patrones de conducta individual y social (en los cuales el consumo es un elemento importante pero no único).
Así, la sostenibilidad acústica sería parte de un modelo de desarrollo social que busca concienciar a la sociedad sobre los beneficios de optar siempre por el artículo, actitud, hábito, etc. con el menor impacto acústico posible entre las opciones a su disposición.

IV. Algunos conceptos sobre ruido
Antes de continuar conviene reafirmar algunos conceptos sobre el ruido. En primer lugar: ¿qué es el ruido? Brevemente, es sonido no deseado. La delimitación entre lo que es ruido y lo que no lo es conlleva, así, un criterio de subjetividad. Si dos personas hablan y otra escucha música, la conversación no es más que ruido para el melómano, mientras la música lo será para los contertulios. Esta ambigüedad intrínseca ha obstaculizado los intentos de calificar el ruido mediante indicadores numéricos basados en mediciones objetivas.
Físicamente, el ruido es sonido, es decir, vibraciones del aire, y como tal puede ser más o menos intenso. El índice numérico que describe la intensidad es el nivel de presión sonora, Lp, expresado en decibeles (dB). Un oído joven y sano oye sonidos de hasta 0 dB, nivel conocido como umbral de audición. En el otro extremo, sobre los 120 dB, está el umbral de dolor (a partir del cual ya hay dolor auditivo). El riesgo de daño auditivo comienza cerca de los 85 dB, y aumenta con el tiempo de exposición y con el nivel de presión sonora.
Como la sensibilidad del oído difiere para los sonidos graves, medios y agudos, se introdujo una unidad diferente, el decibel A (dBA), que tiene en cuenta este efecto perceptivo. Se habla entonces de nivel sonoro A. El nivel sonoro A no resuelve del todo el problema de asignar una valoración numérica a la sensación de intensidad del sonido, aunque se acerca más que el nivel de presión sonora. [8]
Una dificultad que surge al intentar expresar numéricamente la magnitud del ruido es que éste varía en el tiempo. En una calle poco transitada, por ejemplo, el ruido de fondo es relativamente bajo, pero al acercarse un vehículo aumenta y luego vuelve a disminuir. Esto se resuelve obteniendo un nivel promedio, denominado nivel equivalente, LAeq.

La relación entre el nivel del ruido ambiente y la molestia a la comunidad es de gran interés. Las investigaciones sobre este tema, realizadas mediante encuestas a las poblaciones expuestas a diversos niveles de ruido, han permitido obtener curvas mediante las cuales se puede determinar el porcentaje de personas "altamente molestas" (según lo manifestado por las personas encuestadas) para cada nivel de ruido. [9, 10]
Pero el problema es mucho más complejo. De hecho, algunos aspectos han desconcertado a los numerosos investigadores y analistas que se ocuparon del tema. Por ejemplo, la gota de agua de un grifo mal cerrado, por la noche es mucho más molesta que millones de gotas de lluvia, a pesar de ser su nivel sonoro mucho menor.
Existen muchos otros elementos que hacen que el ruido pueda resultar molesto [10]:
1.El contenido semántico. Se ha comprobado que la palabra hablada no deseada es
más molesta (provoca mayor interferencia) cuando es inteligible que cuando no lo es.
2.El poder evocativo. Los sonidos que evocan sensaciones o situaciones desagradables resultan más molestos que otros sonidos cualitativa o cuantitativamente similares.
3.El valor expresivo. Los sonidos capaces de expresar sentimientos positivos resultarán menos molestos que aquellos que transmiten tensión, agresión, etc.
4.La oportunidad, el ámbito de percepción, el contexto. La actitud hacia algunos sonidos puede cambiar según la situación, etc. Por ejemplo, un grupo de personas hablando se considera totalmente aceptable en un restaurante, pero no en una biblioteca.
5.La proximidad o lejanía. La actitud hacia un ruido que se percibe cercano (sensación de invasión del espacio personal) difiere de la correspondiente a sonidos lejanos.
6.La inevitabilidad. Los sonidos inevitables son más tolerados que los evitables. Así, los grillos en el verano se toleran mejor que un ruido similar de origen humano.
7.La responsabilidad. Un sonido cuyo responsable es identificable, será más
rechazado que los sonidos de responsabilidad social.
8.La predisposición. Actitud difícil de evaluar, pues depende de la historia del individuo, de su impronta, de su personalidad, pero de importancia en la reacción individual.
9.La sensación de desprotección. Por ejemplo, el ruido en las proximidades de los aeropuertos es más molesto e intimidante porque se sabe que los intereses económicos son muy poderosos, y por lo tanto los vecinos sienten que sus reclamos no se van a escuchar.

10.La posibilidad de control. Los sonidos propios, sobre los cuales se tiene control, aun irrelevantes3, serán menos molestos que iguales sonidos generados externamente.
11.La asociación con valores deseables. Los ruidos asociados con ciertos valores como el progreso, la solidaridad social, el prestigio, etc., son más tolerables que los que no admiten tal asociación. Por ejemplo, la instalación de un centro comercial aumentará el ruido ambiente. Sin embargo, al jerarquizar la imagen del barrio, facilitar el aprovisionamiento y generar puestos de trabajo, hará más aceptable el ruido parásito para los vecinos.
Este nivel es un nivel constante que implica la misma cantidad total de energía sonora que el ruido variable. El sonido irrelevante es aquél que no es específicamente buscado o deseado, aún cuando el grado de molestia que provoca sea moderado o bajo.

La molestia es una consecuencia directa del ruido, pero a su vez podría ella misma causar otros efectos indirectos como estrés, distracción, deterioro del sueño, etc.
Uno de los efectos directos del ruido más estudiado es el daño auditivo. En 1974 la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos (EPA) determinó que un nivel equivalente (extendido a las 24 horas del día) menor de 70 dBA durante 40 años garantiza la salud auditiva de la población [11]. En situaciones laborales o recreacionales, donde son frecuentes niveles de 90 dBA a 110 dBA durante varias horas, los riesgos son mayores.
Finalmente cabe mencionar la interferencia a la comprensión oral por enmascaramiento (fenómeno por el cual un sonido puede volverse inaudible en presencia de otro más intenso). Dado que las consonantes son sonidos débiles, pero de gran importancia en la interpretación correcta, su enmascaramiento implica su pérdida o confusión. En un ambiente ruidoso será muy difícil distinguir las palabras “casa”, “caja” o “taza”. Esto tiene efectos importantes durante el aprendizaje o en trabajos que requieren órdenes o advertencias orales. En las escuelas expuestas a ruidos intensos (aeropuertos, avenidas de gran circulación), el rendimiento escolar suele ser peor que en otros casos similares no expuestos.

V. El periodismo y los medios de comunicación
El periodismo se ha considerado tradicionalmente como el “cuarto poder”, a la par de los tres poderes institucionales clásicos de una nación (Ejecutivo, Legislativo y Judicial).4 Cuando se ejerce sin presiones, con libertad de prensa y económica, y autorregulado por normas éticas y morales, constituye un agente moderador y un instrumento de control social de primer orden, capaz de investigar y denunciar acciones inapropiadas (corrupción, incompetencia, etc.) de los poderes constituidos y otros estamentos sociales. Pero también ayuda a la difusión de ideas, preceptos e iniciativas, genera o apoya propuestas y las somete a la opinión popular; moviliza, educa, entretiene.
Es interesante analizar el papel de la información y la comunicación en las constituciones. Según el Art.66 de la Constitución Política de Nicaragua, “Los nicaragüenses tienen derecho a la información veraz. Este derecho comprende la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas, ya sea de manera oral, por escrito, gráficamente o por cualquier otro procedimiento de su elección” [12].
El Art.68 va más allá, se refiriere a los medios de comunicación, a los que se asigna gran responsabilidad en el desarrollo: “Los medios de comunicación, dentro de su función social, deberán contribuir al desarrollo de la nación. /Los nicaragüenses tienen derecho de acceso a los medios de comunicación social (...)”. La censura previa está especialmente prohibida, lo cual crea las condiciones para el disenso, la crítica.
La Constitución de la Nación Argentina [13] no es tan explícita en cuanto a la importancia de los medios de comunicación. La información veraz queda limitada a la que se debe recibir en la relación de consumo: “Los consumidores y usuarios de bienes y servicios tienen derecho, en la relación de consumo (...); a una información adecuada y veraz (...)”. (Art.42).
En Nicaragua se reconoce constitucionalmente el Poder Electoral [12], artículo 7). Sin embargo, podría considerarse que es de actuación periódica y restringida en el tiempo y en cuanto a su cometido.

El Art.41 requiere que las autoridades provean información ambiental: “Todos los habitantes gozan del derecho a un ambiente sano, equilibrado, apto para el desarrollo humano y para que las actividades productivas satisfagan las necesidades presentes sin comprometer las de las generaciones futuras; (...) Las autoridades proveerán a la protección de este derecho, (...) y a la información y educación ambientales. (...).” La única alusión explícita al periodismo está en el Art.43, en referencia a la inviolabilidad del secreto de las fuentes de información periodística.
Dado que el Art.75, inciso 22 da jerarquía constitucional, entre otros, a la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el Art.19 de dicha Declaración pasa a tener tal entidad: “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.”
La Constitución Española [14], en el Art.20 protege los siguientes derechos: “A expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción. / (...) / A comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión. (..). / El ejercicio de estos derechos no puede restringirse mediante ningún tipo de censura previa (...).”
La comparación de estos textos muestra la importancia de la institución periodística. Aunque en todos los casos se prohíbe la censura, ello no evita la autocensura, provocada, por ejemplo, por temor a represalias económicas, incluidas las del propio Estado.

VI. Los medios de comunicación frente al ruido
Los medios de comunicación tienen un importante rol en la prevención de la contaminación del ambiente en general. Es necesario profundizar esta acción al caso particular de la contaminación acústica, lo cual puede lograrse por medio de las siguientes acciones:
1.Educación asistemática. Ésta incluye:
a.Publicación de artículos de información general sobre cuestiones relacionadas;
b.Entrevistas a especialistas o personas vinculadas de una u otra forma con el control del ruido, como oficinas de control, gestión o política ambiental, políticos y legisladores, vecinos, médicos, investigadores;
c.Artículos de opinión;
d.Artículos informativos sobre cuestiones técnicas: medición del ruido, efectos, formas de prevención, legislación existente, cómo se ataca el problema en otros países;
e. Relacionar la contaminación acústica con otros tipos de contaminación ambiental;
f.Promover concursos infantiles y juveniles, relacionados con la prevención del ruido.
2.Denuncia. Por ejemplo, señalar la inexistencia de normativas o legislación (Nicaragua), o la falta de aplicación de la existente (Argentina), o actos de corrupción relacionados con el control (o la falta de control); publicar cartas de lectores en las que se expongan problemas acústicos; publicar editoriales sobre el tema.
3.Política positiva. Cuando los mismos medios pueden constituir agentes contaminadores acústicos (medios audiovisuales: radio o TV), adoptar y mantener políticas internas activas, transparentes, documentadas, públicas y auditadas, para evitar contaminar acústicamente.

4. Promoción de Investigación. Encomendar investigaciones científicas o periodísticas en colaboración con universidades, entes municipales de control, etc. Por ejemplo, estudios estadísticos sobre cómo valora la población el ruido al que está sometida.
Es previsible que un medio de comunicación encuentre dificultades para implementar estas acciones. Reconocerlas es un paso importante para contrarrestarlas. En primer lugar puede haber carencias de infraestructura: oficinas de redacción ruidosas, con teléfonos fijos y celulares sonando permanentemente, impresoras, conversaciones, equipos de aire acondicionado ruidosos (particularmente perturbadores en salas de locución, estudios de radio y televisión y ambientes para entrevistas), equipos de audio obsoletos o ruidosos, etc. Estas condiciones de trabajo insensibilizan gradualmente al personal con respecto a esta problemática, creando la sensación de que es algo inevitable, lo cual se traslada a la falta de tratamiento de problemas similares en la sociedad.
En segundo lugar puede haber falta de hábito o de condiciones para recurrir a las fuentes primarias de información, inclusive las de dominio público (como Internet, bibliotecas, etc.). Mucha información se encuentra en idiomas extranjeros, y esto, a veces, impone restricciones. Por otra parte, la dinámica mediática requiere tiempos de reacción muy cortos frente a una información cambiante y rápidamente obsolescente, tiempos en apariencia incompatibles con la profundización de los temas. Esto a veces origina artículos con errores conceptuales [15] que deben evitarse. En cuestiones técnicas, como el ruido, no basta la intuición o las nociones populares. El periodista debe evitar publicar material sin fundamento.
En tercer lugar, la comunicación de temas técnicos, precisos y accesibles para la población, requiere técnicas apropiadas. Cuando es el propio especialista quien escribe, su producción debería ser supervisada por un editor, para evitar desajustes estilísticos.
Por último, los medios suelen carecer de políticas sobre la contaminación acústica. Estas políticas deberían cubrir los diversos aspectos de la labor editorial o medial. Una emisora que cubre frecuentemente el tema, pero a la vez contamina con ruido de fondo sus programas (¡incluidos los referidos a la contaminación acústica!) está enviando un mensaje ambiguo. Está disgregando el concepto de la praxis: “haz lo que digo y no lo que hago”. Las políticas deberían ser explícitas y, como en los sistemas de calidad, documentadas y conocidas por el personal [16]. Debería reconocerse el papel como medio de educación social, y no sólo de comunicación. Se suelen considerar a los medios como formadores de opinión; también son formadores de conciencia. En este contexto, las políticas adoptadas deberían contemplar un espacio específico (un porcentaje del total) y estable destinado al tema, distribuido en editoriales, información general, artículos de opinión, artículos técnicos.
VII. Ética y deontología
Desde un punto de vista teórico se suelen diferenciar dos conceptos relacionados: la ética y la deontología. A veces se toman como sinónimos. Así, se habla, de ética periodística y de deontología periodística, o de ética profesional del periodista. La deontología es la ciencia del deber; es decir, de las obligaciones derivadas del ejercicio de una profesión. Como tal, la deontología es, en principio, susceptible de ser codificada o reglamentada para cada profesión, de modo que quienes la ejerzan estén obligados a cumplir sus preceptos so pena de recibir sanciones. La deontología se diferencia del derecho en cuanto a que éste es aplicable a todos los ciudadanos, mientras aquélla rige sólo para los miembros de una especialidad [17].
La ética es más amplia, y se refiere al fuero interno del individuo, por lo tanto no es codificable [18] ni imponible más que por la propia conciencia. Al contrario de la deontología que implica la pertenencia a un grupo profesional, la ética a veces implica cuestionar las prescripciones del grupo y de la sociedad, porque la ética es reflexión, razonamiento, búsqueda de lo que parece justo, bueno, correcto; pero desde la propia conciencia y no para cumplir con un deber impuesto; por lo tanto conlleva buscar la verdad, y no basarse en apariencias, ni actuar conforme a los prejuicios o mitos que la sociedad o el grupo imponen. La ética está reservada a la conciencia individual, pues el sentido ético es inherente a la persona, y se refiere no sólo a su filosofía de vida y a sus autorregulaciones, según sus propios criterios, sino a la tendencia a valorar su comportamiento y el de los demás. La ética siempre se refiere a las personas, "las instituciones son buenas, malas, eficaces, ineficaces, deseables, indeseables, pero lo único que puede ser éticamente bueno o moral son las personas" [19].
Otro concepto relacionado es el de moral o normas morales. Estas son valores y pautas de conducta radicados en la conciencia, que rigen el comportamiento humano. Son patrones de lo bueno y lo malo, según las prescripciones y conceptos de la sociedad [20]. También se define la moral como sinónimo de ética.
VIII. Ética y deontología del periodismo
Ahora bien, se habla de códigos de ética periodística, códigos de ética profesional, códigos de deontología periodística. Hablaremos de ética periodística, referida al comportamiento individual del periodista; y de códigos deontológicos, para referirnos a las normas aceptadas por los colegios de periodistas. Esto no significa que sean excluyentes.
Pero, ya sea por exigencias deontológicas, de derecho o éticas, los periodistas y medios de comunicación deberían tener como autorrequerimiento, además de deber constitucional, cumplir y defender los preceptos constitucionales y demás leyes; y procurar acercarse a la verdad y a la justicia, ya que los medios son un tamiz para el diario acontecer, para informar, formar, sensibilizar o movilizar a la población y a los funcionarios. Por lo tanto deben recoger los problemas de la sociedad; aunar esfuerzos para edificar una sociedad más justa, equitativa, sostenible; ya que “la sostenibilidad es un imperativo ético y moral” [21].
Aplicando lo anterior al desarrollo acústicamente sostenible, el periodista debe respetar y promover los derechos humanos, como lo planteó el Proyecto de Código de Ética Profesional de los Periodistas de Nicaragua ([22], Art. 6); y como lo estipula el Código de la Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP) ([23], Art. 1) entre los cuales está el derecho a un ambiente sano ([12], Art. 60; [13], Art. 41; [14], Art. 45). Según el Art.11 del Código Latinoamericano de Ética Periodística [23], es deber del periodista contribuir a la defensa de la Naturaleza y denunciar los hechos que generen la contaminación y destrucción del medio ambiente. Por lo tanto, es un deber constitucional y deontológico de los periodistas defender el derecho a un ambiente sin contaminación acústica.
En los códigos comparados por Villanueva [24], la información veraz aparece como uno de los principios que deben guiar el ejercicio periodístico: el Art. 21 del Código Europeo de Deontología de Periodismo expresa que "el ejercicio del periodismo no debe condicionar ni mediatizar la información veraz o imparcial y las opiniones honestas, con la pretensión de crear o formar la opinión (...)". El Código Deontológico de la Profesión Periodística de España, señala que "el compromiso con la búsqueda de la verdad llevará siempre al periodista a informar sólo sobre hechos de los cuales conoce su origen, sin falsificar documentos ni omitir informaciones esenciales, así como a no publicar material informativo falso, engañoso o deformado.(...). El Código Internacional de Ética Periodística (UNESCO) habla del derecho del pueblo a la información precisa, igual que el Proyecto de Código de Ética Profesional de los Periodistas de Nicaragua. El Código de la FELAP dice, en su Art. 4, "En su labor fundamental el periodista adoptará los principios de la veracidad y de la ecuanimidad y faltará a la ética cuando silencie, falsee o tergiverse los hechos (...)”.
Para dar una información veraz y completa, como lo prescriben las citas anteriores, el periodista tiene que informarse, comprobar los hechos in situ o con la fuente; pero eso no basta, tiene que entender el problema, y por lo tanto tendrá que investigar y capacitarse constantemente para no llegar a conclusiones erróneas o para no excluir información necesaria. Si no se tiene información veraz sería mejor no informar, porque en muchos casos es preferible estar desinformado a formarse una idea distorsionada de la realidad, basados en mala información o información falsa.
IX. Contenido ético de la cobertura periodística
Varios factores inciden en el contenido ético de una publicación referida al ruido:
1.Calidad y cantidad de información. La importancia asignada a la noticia debe guardar proporción con el contenido, de lo contrario se condiciona al receptor de la información.
2.Objetivo del periodista al dar una información. ¿Qué mensaje desea comunicar? ¿Qué cambios busca promover en la sociedad como consecuencia de su informe?
3.Mayor o menor independencia del medio para el que trabaja el periodista. Esto puede ser fuente de conflictos éticos para el periodista, y verse constreñido por requisitos o directivas de la empresa.
4.Subjetividad de la opinión del periodista. No se debe confundir una opinión con un hecho. El periodista tiene derecho a elegir la manera de informar según sus objetivos, pero no debe caer en la tentación de confundir al público, diluyendo el límite entre el dato objetivo y su interpretación.
5.Subjetividad de la fuente de información. Generalmente el informante facilita el dato comunicado según su propio punto de vista. El periodista debe tener la habilidad de extraer el trasfondo objetivo, y aprovechar la oportunidad para profundizar sobre otros aspectos del problema, y evitar información parcializada o dudosa.
6.Tiempo disponible para elaborar la noticia. El escaso tiempo lleva a veces a buscar información en fuentes dudosas. Cada fuente debería ser razonablemente validada, y en caso de incertidumbre, omitirla o descartarla.
7.Tiempo o espacio disponible para comunicar la información. Si el espacio es limitado, conviene restringir el material a cubrir, sobre todo si se trata de difíciles temas técnicos.

X. Tratamiento periodístico del ruido
El fenómeno del ruido en España es actualmente un tema “estrella” entre las diferentes contaminaciones, junto al de la contaminación electromagnética (antenas de telefonía móvil). Dichos temas aparecen casi a diario en la prensa escrita, sobre todo en medios estatales, aunque también en los medios regionales y comarcales. La aparición en el medio televisivo y radiofónico es más esporádica. Esta preeminencia en la prensa escrita podría atribuirse a que una noticia sobre ruido para ser bien comunicada debe elaborarse, pues para no caer en errores, es necesaria una documentación previa sobre el tema, lo que se contrapone con la inmediatez de la noticia televisiva o radiofónica. Los otros tipos de contaminación son considerados más nocivos, (el ruido no mata a corto plazo); y, porque la prensa escrita suele estar más cerca del ciudadano de a pie, y por tanto suele recoger más fácilmente sus inquietudes.
En periódicos y radio la información sobre ruido suele salir más a menudo en forma de noticias cortas y luego en trabajos de investigación o reportajes. En televisión el ruido aparece más en debates y programas monográficos, y cuando sale en forma de noticias se refiere a una manifestación u otra acción de protesta de colectivos vecinales.
En Argentina, por su parte, el tratamiento en los medios del tema del ruido es muy superficial y escaso. Aún en el caso de autores supuestamente especialistas en la materia se observan gruesas falencias conceptuales [15]; con mayor razón en el caso de artículos firmados por periodistas no especializados. Rara vez se consulta al verdadero especialista, en cambio se repiten una serie de conceptos tradicionales, pero no por ello verídicos. Es común confundir los descriptores utilizados, brindando valores del nivel de presión sonora medidos en un instante cualquiera (tal vez el más desfavorable) en lugar del nivel promedio (nivel equivalente). Así, se informan niveles inverosímiles, dando pie a dudosas comparaciones del tipo: “Buenos Aires es la tercera ciudad más ruidosa del mundo”.
En el caso de Nicaragua, ya hay mucho ruido, pero poco se dice él en los medios de comunicación. Rara vez aparece un artículo de opinión, o una queja del público. Y es que el ruido no parece interesarle a nadie. Aun a los que se dicen defensores del medio ambiente, y ni siquiera a los responsables de las políticas ambientales. Sí hay que destacar la existencia de la página web "Ruido, un problema en Nicaragua” (http://nica42.tripod.com/ruido.htm)

El ruido no se contempla en el Plan Nacional de Medio Ambiente. No hay leyes específicas, contra la contaminación acústica, aunque el artículo 111 de la Ley General de Medio Ambiente y los Recursos Naturales ordena emitir normas de tecnología y estándares de emisión de ruidos. Y el nuevo Código Penal [25] (Art. 534)6, inciso 27) lo tipifica como falta contra la seguridad y tranquilidad ciudadana. El Art. 24 de la Constitución de Nicaragua dice que los derechos de cada persona están limitados por los derechos de los demás. El Art. 60 expresa que los nicaragüenses tienen derecho de habitar en un ambiente saludable; y el Art. 85 se refiere al derecho a condiciones de trabajo que garanticen la integridad física, la salud y la disminución de riesgos profesionales. Existen normativas [26] a nivel de ministerios de salud, del trabajo, de la construcción y algunas ordenanzas. Hace falta mayor conciencia en los trabajadores, en la población, en los legisladores, en los funcionarios, para que se cumpla lo poco que hay y se promulguen leyes y ordenanzas. El problema quizás sea falta de conocimiento de los efectos del ruido sobre la salud y las actividades. Entonces, ¿Es inevitable que el desarrollo económico y tecnológico se dé a costa del ser humano?” [27]. Los medios de comunicación tienen aquí, un reto para contribuir con el desarrollo acústicamente sostenible.

Referencias
1.Elba Stancich. “Introducción a la temática ambiental”. Material del Curso-Seminario: Transporte y Medio Ambiente. Sept. 1994.
2.Elba Stancich.” Comunicación personal”. 11 de junio de 2001
3.Ley 217, Ley General del Medio Ambiente y su Reglamento. Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Sostenible. Managua, s./f. Artículo 5.
4.Decreto Ejecutivo31-97. Creación del Consejo Nacional de Desarrollo Sostenible (CONADES). La Gaceta No. 105, 5 de junio de 1997. Considerando III.
5.Plan Ambiental de Nicaragua 2000-2005. Anexo A. Glosario de Términos, p. 25. Copia digitalizada en CD, Managua, 2001.
6.Miyara, Federico. “Ceremonia de Iniciación al ruido”. Diario La Capital, Rosario, Argentina, 23/6/97. También disponible en el siguiente sitio de Internet: http://www.eie.fceia.unr.edu.ar/~acustica/biblio/inicia.htm
7.Autumn Lyn Radle. “The Effect Of Noise On Wildlife: A Literature Review”. University of Oregon.
8.Miyara, Federico. “Control de Ruido”, en “Jornadas Internacionales Multidisciplinarias sobre Violencia Acústica". Editorial ASOLOFAL. Rosario, Argentina, 2000.
9.Schultz, T. J.: “Synthesis of social surveys on noise annoyance”. Journal of the Acoustical Society of America 64 (2), Aug. 1978.
10.Miyara, Federico. “Paradigmas para la investigación de las molestias por ruido”. En Jornadas sobre el Ruido y sus Consecuencias en la Salud de la Población. Buenos Aires, 8-10/08/01.
11.EPA (US Environmental Protection Agency): “Information on Levels of Environmental Noise Requisite to Protect Public Health and Welfare with an Adequate Margin of Safety”. US Environmental Protection Agency, 550/9-74-004, Washington DC, USA, March 1974.
12.Constitución Política de Nicaragua. Con sus reformas y contra-reformas. 5ª edición. Editorial Jurídica, Managua, 2000.
13.Constitución de la Nación Argentina - Declaraciones, Convenciones y Pactos. Serie Documentos Página 12. Buenos Aires, Argentina, 1994.
14.Constitución Española. Aprobada por las Cortes en Sesiones Plenarias del Congreso de los Diputados y del Senado, 31/10/1978. Ratificada por el Pueblo Español en Referéndum, 6/12/78. Sancionadas por el Rey el 27/12/78.
http://ccdis.dis.ulpgc.es/~secrdis/constitucion.txt
Internet: http://www.congreso.es/funciones/constitucion/indice.htm
15.Miyara, Federico. “Ruido: Errores conceptuales en publicaciones técnicas y periodísticas y en la legislación. Otra evidencia de la necesidad de mejorar su enseñanza”. Segundas Jornadas Internacionales Multidisciplinarias Sobre Violencia Acústica. Rosario, Argentina, 8 al 10/10/98.
16.ISO. Norma Internacional ISO 9000:2000. “Sistemas de gestión de la calidad -Conceptos y Vocabulario” editorial, edición, fecha, lugar.
17.Valle Pastora, Alfonso "Seminario sobre Deontología y Ética Judicial", en Ponencias sobre Ética Judicial. Alfonso Valle Pastora (compilador). Managua, 1996.
18- Lagastone, G. “Ética Judicial”. Seminario sobre Deontología y Ética Judicial. En Ponencias sobre Ética Judicial ”. Alfonso Valle Pastora (compilador). Managua, 1996.
19. Savater, Fernando: "Ética, Política y Ciudadanía", citado por José Luis Jáquez Balderrama, 2000; Ética y educación en el periodismo mexicano. Revista Latina de Comunicación Social. La Laguna (Tenerife)-diciembre de 2000– No. 36 D.L.: TF - 135 -98 / ISSN: 1138 – 5820 (año 3º)
20.Villagra Gutiérrez, William. Introducción al Derecho. UCA, Managua, 1994
21.Declaración de Salónica. Conferencia Internacional sobre Medio Ambiente y Sociedad: Educación y Sensibilización para la Sostenibilidad. (Salónica, Grecia, 8-12 de diciembre de 1997). Internet: http://www.arrakis.es/~alcrique/salonica.htm
22.Proyecto de Código de Ética Profesional de los Periodistas de Nicaragua, elaborado en agosto de 1995. (Fotocopia, de documento de la UPN, s/f. ).
23.Código Latinoamericano de Ética Periodística. FELAP. Internet: http://www.ijnet.org/Code_of_Ethics2/Federaci_n_Latinoamericana_de_Periodistas.html
24.Villanueva, E. Códigos Europeos de Ética Periodística. Un análisis comparativo. Revista Mexicana. de Comunicación, Fundación Manuel Buendía. http://www.cem.itesm.mx/dacs/buendia/libro/etica5c.html

25.Ley de Código Penal de la República de Nicaragua. La gaceta 1998.
26.Compendio de Resoluciones y Normas en Materia de Higiene y Seguridad Ocupacional.
Ministerio del Trabajo. Dirección General de Higiene y Seguridad. Managua, 1996.
27.Serrano Caldera, Alejandro. Los dilemas de la democracia: Hacia una ética del
desarrollo. 2ª ed. Managua, Hispamer, 1998, p. Vll.


Nota: Se puede reproducir parcial o totalmente,
agradeceremos que se cite a las tres personas autoras y el Congreso.