23º Día Internacional
de Conciencia sobre el Ruido
Miércoles 25 de abril
Paz

Alfonsina Storni
Vamos hacia los árboles... el sueño
Se hará en nosotros por virtud celeste.
Vamos hacia los árboles; la noche
Nos será blanda, la tristeza leve. Paz

Vamos hacia los árboles, el alma
Adormecida de perfume agreste.
Pero calla, no hables, sé piadoso;
No despiertes los pájaros que duermen.

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Anidando en el porche

viernes, 13 de abril de 2018


Día Internacional de conciencia sobre el ruido

Doraldina Zeledón Úbeda

Cada último miércoles de abril se celebra el Día internacional de conciencia sobre el Ruido, establecido desde 1996 por la Liga para el Deficiente Auditivo, con sede en Nueva York. El objetivo es informar y sensibilizar sobre el ambiente sonoro saludable, los efectos del ruido y el respeto de los derechos humanos.

Se pide un minuto de silencio, de 2:15 pm a 2:16 pm. También puede hacerlo en cualquier momento, y meditar sobre el problema y su solución.

Es simbólico. Para ver el resultado del no-ruido serían necesarios unos 60 minutos. Imaginemos qué tranquilidad habría si durante una hora no se suenan las bocinas, si las motocicletas reducen la velocidad y revisan su tubo de escape. Si bajamos el volumen. A la radio, la televisión, la conversación, a las discusiones, a los altoparlantes. Y en ese ambiente silencioso reflexionamos sobre todo lo bueno que trae el silencio y el daño que provoca el ruido. En nuestro contexto parece una utopía. Ojalá que pronto se le comience a dar el debido tratamiento

¿Qué podemos hacer hoy y todos los días? Les recomendamos:

Desde el hogar: bajar el volumen a televisores y equipos de sonido, no tirar las puertas ni arrastrar muebles, no gritar. No comprar juguetes ruidosos, que además de perjudicar la salud de los niños, los inducen a la cultura del ruido. Evitar, durante la noche o en la madrugada, actividades que generan ruidos, como el uso de electrodomésticos. En fin, respetar el espacio de cada uno y los derechos de los vecinos a la salud, a la tranquilidad y a disfrutar de su vivienda.

En el trabajo, lo primero debería ser capacitar en el tema del ruido y las leyes laborales que lo abordan. Disminuir el ruido o aislar los equipos. Usar protectores auditivos, cuando no se pueda reducir por otro medio. Debería ser obligatorio no sólo facilitar equipos de protección, también que el trabajador los use.

En el transporte, pidamos a los conductores que no piten. Y no sólo los buses, también los taxis van sonando la bocina por todos lados. Y que bajen el volumen de su música. Si no lo hacen, bájese. Los vehículos privados también contribuyen. Los conductores deben acostumbrarse a reducir la velocidad, reparar la carrocería. Si llevan carga, amarrarla, para que no suene. Apagar el motor cuando se estacionen. Las cooperativas de transporte deberían capacitar sobre la prevención, control y efectos del ruido.

Desde la escuela se debe tomar conciencia del problema. El tema se puede abordar en las clases de lenguaje (periódicos, murales, foros,conferencias, investigación, redacción, escucha), literatura, física, educación cívica, educación musical, ciencias naturales, derechos humanos, educación para la salud y para el consumidor; cultura de paz, medioambiente. Y reducir el ruido de las bandas musicales. En las universidades, la contaminación acústica, su prevención y control, deberían ser temas de estudios en Derecho, Salud, Arquitectura, Ingeniería, Educación, especialmente en Educación Ambiental. Un postgrado de calidad ambiental o de producción más limpia estaría incompleto sin el tema del ruido. También debería ser materia en medicina forense, en el sistema de justicia. Y en la Academia de Policía; podría ser el inicio de su higiene sonora para que puedan escuchar los bocinazos.

A gerentes de discotecas, bares, clubes nocturnos, cines, gimnasios, que se acuerden del acondicionamiento acústico y bajar el volumen.
A gerentes de tiendas y supermercados, bajar el volumen a los equipos de sonido.
A la publicidad ambulante, bajar el volumen y apagar el sonido cuando se parqueen.
A motociclistas, revisar el tubo de escape y apagar el motor cuando se estacionen, especialmente durante la madrugada.
A vendedores de discos compactos y casetes de música, bajar el volumen.
A los funcionarios, crear y aplicar leyes y reglamentos.


Qué hacer ante un conflicto por ruido


Día de Conciencia sobre el Ruido
Doraldina Zeledón Úbeda

El último miércoles de abril se celebra el Día Internacional de Conciencia sobre el Ruido. Ojalá que pronto podamos celebrarlo igual que el Día de la Tierra, sembrando semillas de respeto, tranquilidad, cultura del no-ruido, para tener un ambiente acústicamente saludable.  Mientras tanto, ¿qué podemos hacer ante este virus todavía ignorado a pesar de la epidemia?

El ruido contamina el ambiente, afecta flora, fauna, edificios, monumentos; no sólo al homo sapiens. Interfiere negativamente en la salud, derechos humanos, comunicación, relaciones, economía, calidad de vida. Es necesario prevenirlo. Con educación en valores, científica, técnica, jurídica, en derechos humanos.

Gran parte del ruido se podría evitar con el ordenamiento territorial y la aplicación de normas para apertura y funcionamiento de industrias, discotecas, comercio, estadios, escuelas, iglesias, construcción en general. Si no se supo prevenir, hay que aplicar medidas de control técnico, administrativo, sanitario. 

Hay actividades que generan ruidos y que no es preciso suspenderlas, trasladarlas o cambiar horario, sino  aplicar medidas correctivas. Pero hay casos en que se deberían suspender o reubicar; aunque, por ejemplo, la fábrica alegue que cuando se creó el barrio, ya estaba funcionando. En medioambiente, salud, derechos humanos, primero éstos, según principios de derecho internacional. ¿O se va permitir que el ruido taladre el oído de los vecinos o les invada la tranquilidad, porque la empresa o la discoteca se instalaron primero?

No tenemos leyes ni normas técnicas especiales, ni ordenanzas. Pero hay normas salteadas en leyes y decretos, que se pueden aplicar. Sin embargo, los afectados se llevan meses y años, sin encontrar solución. O, ¿qué respuesta ha dado el Ministerio de Salud? ¿Las Procuradurías de Derecho Ambiental y Derechos Humanos?  ¿El Ministerio de Transporte  y Construcción? ¿Las alcaldías? ¿La Policía y el Ministerio del Ambiente? A veces alguna alcaldía atiende, ¿pero cuántos casos han resuelto?

 ¿Y qué hacen el Instituto de Turismo, el Ministerio de Industria y Comercio? ¿Promover actividades sin medidas para proteger la salud y la tranquilidad?  ¿Y cómo responde la Asamblea Nacional, ante la sequía de leyes? ¿O esperarán los gritos y guerras por ruidos?
¿Y la población?  Se queja, pero poco denuncia. Por desconocimiento, desconfianza, miedo. Y en algunos casos por comodidad: esperar que otros resuelvan. 

Ante estas situaciones los afectados deben unirse. Informarse sobre leyes y efectos del ruido. Buscar asesoría. Hablar con los responsables de la fuente de ruido. Si no se puede, interponer la denuncia. Solicitar a las alcaldías, Ministerio de Salud, medición de los niveles sonoros en el vecindario, viviendas, dormitorios. En éstos, el nivel sonoro promedio durante la noche no debe exceder los 30 decibeles. Y pedir que cese la inmisión de ruidos y respeten sus derechos.  Solicitar copia del informe de medición, inspecciones, resoluciones y notificaciones. Estar pendientes de los plazos.  Y hacer denuncias públicas por los medios de comunicación.

¿Y qué puede hacer la empresa?  Aplicar medidas  técnicas. Primero, hay que identificar la fuente y las causas del ruido: desajuste de piezas de la máquina, falta de mantenimiento, equipos obsoletos, mal instalados, volumen muy alto, etc., y actuar conforme.    

Si no es posible controlarlo en la fuente, hay que ver por qué medio se transmite: aire, paredes, instalaciones metálicas, tuberías. Y establecer medidas, como aislamiento acústico de la maquinaria, amortiguadores, pantallas anti ruido, paredes y muros totalmente cerrados y recubiertos con materiales absorbentes, murallas verdes, etc.

Y bueno, ¿por qué tenemos que reclamar? Las empresas deberían ser amigables  y agradecidas con el ambiente y vecinos que los acogen, en vez de maltratarlos o ignorarlos.  Al menos, deberían pensar en su imagen.

La autora es comunicadora y abogada.


                                                                                

Si se callase el ruido

Si se callase el ruido 
oirías la lluvia caer
limpiando la ciudad de espectros,
te oiría hablar en sueños
y abriría las ventanas.
Si se callase el ruido
quizá podríamos hablar
y soplar sobre las heridas,
quizás entenderías
que nos queda la esperanza.

Ismael Serrano 

jueves, 12 de abril de 2018

Paz sonora o derecho humano al silencio

Un viejo artículo del 2002 publicado en La Prensa

https://www.laprensa.com.ni/2002/09/09/editorial/868614-paz-sonora-o-derecho-humano-al-silencio

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Doraldina Zeledón Ubeda
La Prensa,
https://www.laprensa.com.ni/2002/09/09/editorial/868614-paz-sonora-o-derecho-humano-al-silencio
A mi madre, quien cada noche y cada mañana,
desde siempre y en silencio,
se comunica con sus santos y con Dios.

Doraldina Zeledón Úbeda

Desde hace varios años se acuñó el término “cultura de paz”. Hoy varias instituciones lo hacen propio. Pero, ¿sonará bien? Si hay injusticia, no. Si hay palabras altisonantes, tampoco. Y si hay ruido no puede haber paz. No hay paz sonora.

Porque no basta que cesen las guerras armadas, los conflictos, si las personas en el trabajo no pueden concentrarse por los ruidos, si llegan a su casa y no pueden descansar, si salen a la calle y no escuchan más que el ruido rodante.

Para tener paz sonora necesitamos estar en armonía con la naturaleza, con el entorno. Esto contribuirá a una mejor calidad de vida. Porque el adelanto tecnológico no significa necesariamente una mejoría. Muchas veces es todo lo contrario, si entendemos por calidad de vida no sólo las condiciones materiales, sino también las espirituales, el bienestar personal y social. Alguien puede tener trabajo, ganar bien, pero si está en un entorno ruidoso, su calidad de vida no será satisfactoria. O puede ser que de la tecnología no le quede más que el ruido. Entonces, debe hablar. Paz sonora no es callar.

Si analizamos el término veremos que “paz sonora” implica apacibilidad, tranquilidad, sosiego. No silencio, sino que en un ambiente así, hay palabras, hay vida, hay sonido. Un sonido apacible. Y entre más silencio, habrá más voces. Podremos escuchar mejor. Y aún la voz de nuestra conciencia: las risas y el llanto de la gente. El llanto y los sonidos de la naturaleza.

En una ocasión me llamó una jovencita y me comentó que ya no aguanta el ruido de una iglesia, contiguo a su casa. Y el problema es tal, que han pensado trasladarse a otro barrio. “¿Pero por qué? —se preguntaba— si siempre hemos vivido aquí, si es nuestra casa...” “Porque ya no aguantamos”, se contestó casi desesperada.

Y las misas y rezos por la madrugada, con cohetes y chicheros son muy alegres. Es nuestra cultura. Pero, ¿nos hemos preguntado a cuántas personas perjudicamos? Y no sólo a las personas. Los pobres perros son quizás los que más sufren, porque tienen el sentido del oído más sensible. Y con cada cohete o bomba, lanzan un aullido. A veces nos causa gracia. O castigamos al pobre animal para que deje de ladrar.

Otro día un joven se quejaba porque no había podido dormir debido una serenata vecina. La serenata pudo ser muy grata para la homenajeada, y es una costumbre apreciada, pero no pensamos en que el vecino llegó a medianoche de su trabajo, y tiene que mañanear. Entonces, ¿vamos a barrer la cultura? ¿Y los otros no tienen derecho a su serenata y a sus cantos? Lo que hay que hacer es aprender a convivir entre varias culturas y las diferentes generaciones.

Y un amigo me contaba que vive en un lugar tranquilo, que piensa regresar a Nicaragua, pero no a la capital. A pesar de que es managua por los cuatro costados. Pero Managua se ha vuelto invivible, porque no se han sabido aprovechar las bellezas que Dios le dio, sino que más bien las hemos destruido, comentaba.

Y conversando con otro joven, decía que él también tiene derechos, que la música aunque esté a todo volumen, no le molesta. Tiene razón. Puede que no le moleste, pero sí le afecta. Sólo que no se da cuenta. Y tiene derecho, si no perjudica a los demás.

Es una situación difícil porque el derecho de unos puede silenciar el derecho de los otros. Por eso tiene que haber armonía: uno no silenciar y el otro no imponer su música, sus cantos, sus cohetes. Es una cuestión cultural, decía el joven. Y la cultura no se cambia de la noche a la mañana. Tampoco es cambiar, sino aprender a convivir entre diferentes costumbres. Podríamos averiguar hasta dónde llega nuestra casa, hasta ahí debería llegar nuestra música.

Si hay paz sonora, estaremos en armonía con el entorno y estaremos contribuyendo a una mejor calidad de vida. Pensémoslo. Y actuemos.

La autora es catedrática universitaria.  
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domingo, 4 de marzo de 2018

Niveles de presión sonora según la OMS

Niveles de presión sonora según la OMShttps://www.laprensa.com.ni/2018/02/23/opinion/2381368-niveles-de-presion-sonora-segun-la-oms

Niveles de presión sonora, según la OMS

El ruido provoca estrés, molestias, irritabilidad, insomnio, dolor de cabeza, náuseas, mareos, hipertensión, tensión muscular, y hasta problemas cardíacos.
23/02/2018

¿Cuál es el nivel sonoro máximo para no afectar la salud? Es una pregunta frecuente. El nivel de presión sonora depende del ambiente, naturaleza de la fuente de ruido, actividad que realicemos, tiempo de exposición, etc.
El ruido, sonido no deseado, lo podemos analizar desde un punto de vista objetivo, concerniente a parámetros físicos, susceptibles de ser medidos; y otro subjetivo, como sonido molesto. Así, depende de quien lo perciba, de factores sicológicos, sociales y culturales. Por ello, se establecen niveles máximos permisibles que garanticen una aceptación por parte de la mayoría, y se pueda ejercer control y prevención para que se cumplan. De ahí que también se le defina como un sonido cuyo nivel de presión sonora sobrepasa valores autorizados.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ofrece una guía para diferentes ambientes, como recomendaciones. Cada país establece sus niveles límite, en leyes, ordenanzas y normas técnicas. Desde hace años.
Según la guía, para dormitorios, el nivel de presión sonora promedio no debe exceder los 30 decibeles, y se debe evitar un ruido individual por encima de los 45.
Durante el día, en interiores de viviendas, el nivel sonoro no debe ser mayor de 35 decibeles. Y no exceder los 55 en balcones, terrazas y áreas exteriores. Por la noche, a un metro de las fachadas de las casas, el límite es de 45 decibeles de nivel promedio.
En hospitales, el nivel máximo de ruidos independientes en interiores durante la noche no debe exceder los 40 decibeles. El nivel promedio en interiores es de 30, durante el día. En las salas donde se atiende a los pacientes, no debe ser mayor de 35, y se debe prestar atención en las unidades de cuidados intensivos y en las salas de operaciones. Las incubadoras con ruidos interiores pueden generar problemas de salud a los recién nacidos, como trastornos del sueño y deficiencia auditiva.
En el ambiente escolar, en el aula el nivel de sonido de fondo no debe ser mayor de 35 decibeles. En los campos de juego, el nivel de sonido de fuentes externas no debe exceder los 55.
Y sonidos de altavoces, con 85 decibeles promedio, durante una hora puede provocar daños en el oído.
En actividades recreativas, como conciertos, discotecas, cines, parques, actividades al aire libre, generalmente la exposición sobrepasa los 100 decibeles de nivel promedio, lo que podría generar deficiencia auditiva significativa después de asistencias frecuentes. Y otros daños a la salud. Además, se debe reglamentar la exposición de los empleados y aplicarlas también a los clientes, que no deben estar expuestos a niveles promedio superiores a 100 decibeles, durante cuatro horas, más de cuatro veces al año. El nivel máximo (no el promedio) en estos lugares debe estar por debajo de los 110 decibeles.
Según la guía, 70 decibeles de nivel de presión sonora promedio en el ruido ambiental y de áreas recreativas se espera que no causen deficiencias auditivas.
Y recordemos que no solo afectan los niveles sonoros altos, ni solo la audición. También la salud extraauditiva, tanto física como sicológica. Y los derechos humanos, la comunicación en los diferentes ambientes (escuela, hogar, oficinas, restaurantes, comercio, centros recreativos), la tranquilidad, convivencia, calidad de vida. Contamina el ambiente.
El ruido provoca estrés, molestias, irritabilidad, insomnio, dolor de cabeza, náuseas, mareos, hipertensión, tensión muscular, y hasta problemas cardíacos. Por eso, “la contaminación acústica no solo es una molestia, sino también una amenaza para la salud pública”.
La autora es educadora, comunicadora y abogada. 

Validan metodología para medir contaminación acústica

https://www.elnuevodiario.com.ni/nacionales/457180-validan-metodologia-medir-contaminacion-acustica/
Los mercados son los sitios que más producen contaminación acústica, ya que generan más de 130 decibeles, aseguró Byron González, del laboratorio de Física de Radiaciones y Metrología de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN-Managua). 
 González afirmó que a través de una metodología para la evaluación de ruido ambiental, aliada con una serie de investigaciones, que realizaron desde 2008, se determinó que en estos lugares se concentra mucho ruido. 
De esta forma se aporta una metodología a las alcaldías, al Ministerio de Salud (Minsa) y al Ministerio del Ambiente y los Recursos Naturales (Marena) para la valoración del ruido ambiental en lugares abiertos, explicó el experto.
Los mercados son lugares abiertos y las fuentes de ruidos son los altoparlantes, los claxon de los vehículos y la misma gente que trabaja y transita en estos lugares. En el estudio se tomaron muestras de 20 puntos de la capital, entre ellos los mercados Oriental, Huembes, Israel Lewites, Iván Montenegro y Mayoreo.

- Los niveles de contaminación en Managua promedian de 100 a 120 decibeles -
Según González, los niveles de ruidos en los centros de compras, principalmente en sus estaciones de buses, es de 130 decibeles y superan las normas de 80 a 90 para las ciudades. De esta forma demostraron que la contaminación acústica es una de las razones por el cual el Recinto Universitario Carlos Fonseca Amador (Rucfa), ubicado cerca del Oriental, debe ser trasladado, precisó. 

La permanencia en los mercados también expone principalmente a los trabajadores a los efectos negativos de la contaminación acústica. 

Erasmo Aguilar, médico laboral de la UNAN-Managua, dijo que la exposición al ruido reduce la capacidad auditiva o conlleva a fatiga auditiva y dependiendo del grado de sensibilidad de la persona, puede presentar mareo o molestia, náuseas, vómitos, a veces alteraciones de la visión y si tiene algún problema de base como cefalea les produce migraña. “La gente que trabaja en mercados, aunque no presente síntomas, no quiere decir que estén adaptadas. La contaminación acústica afecta principalmente el oído, pero también perjudica otros órganos, como el cerebro, ya que la misma vibración deteriora el sistema nervioso”, explicó Aguilar.  

Niños expuestos a ruido pueden perder audición y sufrir retraso del habla

Metodología denuncia ruidos 

González dijo que todas las valoraciones de ruido necesitan un protocolo de medición y que las autoridades deberían adoptar la metodología que recién acaban de validar, por la situación de contaminación en la capital.

Detalló que con esto las autoridades podrán validar las denuncias y sistematizar los datos que se obtengan de dichos casos y que ellos están dispuestos a capacitar a inspectores del Minsa o la Alcaldía de Managua.  
La zona norte del populoso mercado . Archivo/END- La zona norte del populoso mercado . Archivo/END -

“Si va y pone una denuncia en la dirección ambiental de la Alcaldía, el Marena o el Minsa, deben tener una forma para realizar las mediciones del ruido, no es suficiente con que vaya alguien con un sonómetro a tomar un dato y que lo reporte”, precisó. 
La forma en que se realiza una medición del ruido es seleccionando un lugar, luego la obtención de los datos a través de un sonómetro y un calibrador de este y después el procesamiento de los datos y el mapeo de estos. 
González indicó que este estudio empezó en 2008 y los últimos muestreos se tomaron en 2016.  Al inicio se identificaron puntos críticos de contaminación como La Subasta, la estación de buses del hospital Vélez Páiz, el Rucfa, en el sector del mercado Oriental.
El experto afirmó que si alguna persona quiere acompañamiento en una denuncia por contaminación acústica ellos pueden ayudarle con el estudio.  “Hace años hubo problemas con una empresa a la que pobladores demandaron por los ruidos que hacían sus maquinarias. Nosotros hicimos un informe, que es meramente académico, pero que sirve para sentar base para un argumento legal”. 
En general, los niveles de contaminación en Managua promedian de 100 a 120 decibeles, cuando de 80 a 90 ya es perjudicial para el oído.  

lunes, 29 de enero de 2018

Los ruidos leves también dañan la salud

Pocos denuncian el ruido porque no confían en las autoridades

 
Pérdida de audición, estrés, dolor de cabeza, náuseas y desequilibrio corporal y digestivo son algunos de los males que provoca exponerse a altos niveles de ruido. Sin embargo, también los ruidos leves pueden causar daños en la salud a corto y largo plazo, señala Doraldina Zeledón, quien tiene 18 años de trabajar en el tema del ruido.
“Los ruidos bajos afectan otros aspectos de la salud. Por ejemplo, un ruido de 40 decibeles te causa estrés si estás queriendo dormir. En el caso de las oficinas el ruido no puede ser mayor a esa cantidad porque si no se tendría que comenzar a gritar. En el caso de trabajar en un ambiente de 85 decibeles, como en talleres, se debe usar medidas de protección como orejeras, tapones para los oídos”, advierte Zeledón.
La otorrinolaringóloga Mayra Castro también advierte que la exposición a ruidos habituales, como el pito de los carros, puede causar daños. Sin embargo, señala que la mayoría de problemas auditivos son provocados por ruidos mayores a 80 decibeles.

Pocos denuncian

Actualmente el ruido está catalogado como una falta en la legislación nicaragüense, pero la mayoría de la población en los barrios no denuncian los casos de ruido para evitarse problemas con los vecinos y porque no confían en las autoridades, pues muchas veces son ellas mismas quienes lo generan.
“Hay varios factores para que la gente no denuncie, uno de ellos es para no enemistarse con el vecino. Además, que no creen en las autoridades y dicen que es perder el tiempo. También por falta de educación ambiental en el tema”, lamenta Zeledón.

ttps://www.laprensa.com.ni/2018/01/29/nacionales/2368132-ruidos-leves-tambien-danan

Los ruidos leves también dañan la salud