En el 2021 escribí el artículo ”Construyamos oasis verdes de paz sonora”. Me refería a las riberas de los ríos para transformar esos lugares en santuarios verdes, sembrando árboles de sombra que también aíslen el ruido y faciliten alimentos a la fauna. Y plantas ornamentales. Convertirlos en senderos de paz, sin ruido como el de los parques, o mercados; sino un lugar tranquilo. La idea es crear o preservar espacios naturales —como bosques, montañas o pequeños jardines urbanos— donde el sonido predominante sea el de la naturaleza, actuando como un bálsamo para la mente y el espíritu.
El 13 de
mayo fuimos a arreglar la tumba de mi mamá. Vámonos a pie, dijo el pintor. Con
este solazo y el pavimento, nos cocinamos, le contesté. Hay un camino bordeando
el muro del cementerio, a la orilla del río, dijo. Por allí fuimos, al comienzo
no me dio confianza, era desolado y con muchos matorrales secos.
Al avanzar,
divisé un frondoso árbol de guanacaste, con su copa verdecita, como sombrilla
enorme. Íbamos bajo sombra y sobre suelo suave, pues el cemento de algún andén
estaba cubierto con tierra. Muchos pajaritos amenizaban nuestro caminar. ¡Desde
un tronco voló un guardabarranco!
Continuamos,
pero ya teníamos que ver hacia abajo, por donde íbamos pasando, para no
pararnos en la basura que cubría todo el ancho del camino, entre el muro del
cementerio y el río de piedras. Después, eran los escombros de construcción y
remodelación de tumbas, cemento, tierra, cartones, flores de plástico, vidrios,
etc.
Seguramente,
con la campaña por una ciudad limpia, pronto entrará un camión a limpiar, y se
prohibirá botar escombros allí. Ojalá se coloque un contenedor cerca para
depositar los materiales. Y en vez de cemento,
construir un andén de tierra compactada, protegido por un muro bajito para
evitar la erosión.
Y promover actividades que inviten a la comunidad a conectarse
con la Naturaleza, a disfrutar del entorno, fomentando el amor y cuidado de
nuestros bienes naturales. Incluido el ambiente sonoro saludable. Además, por el contexto y respeto a
los que descansan en verdadera paz.
El muro del cementerio podría ser un lienzo para los
muralistas. Y todo el espacio, para el avistamiento de aves y caminatas. Qué agradable sería transitar por
ese sendero, y encontrar calma en medio del ajetreo diario, para potenciar la salud física y
mental. Y a la vez, restaurar el río.
Esto y más se puede hacer en todas las ciudades y en todas
las zonas costeras de los ríos. Y habría cabida para la participación
comunitaria, de organizaciones y municipalidades.
Doraldina Zeledón Úbeda
Estelí, 14 de mayo de 2026.
