Día Internacional de Conciencia sobre el Ruido último miércoles de abril

Paz

Alfonsina Storni
Vamos hacia los árboles... el sueño
Se hará en nosotros por virtud celeste.
Vamos hacia los árboles; la noche
Nos será blanda, la tristeza leve. Paz

Vamos hacia los árboles, el alma
Adormecida de perfume agreste.
Pero calla, no hables, sé piadoso;
No despiertes los pájaros que duermen.

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Anidando en el porche

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Violencia acústica intrafamiliar

11 de diciembre de 2012

Managua, Nicaragua http://www.elnuevodiario.com.ni/opinion/271720

Doraldina Zeledón Úbeda | Opinión

Según la Ley 779, “Ley Integral contra la Violencia hacia las Mujeres y de Reformas a la Ley 641, “Código Penal”, violencia psicológica es la acción u omisión destinada a degradar o controlar las acciones, comportamientos, decisiones y creencias de la mujer por medio de la intimidación, manipulación, coacción, comparaciones destructivas, vigilancia eventual o permanente, insultos, amenaza directa o indirecta, humillación, aislamiento o cualquier otra conducta que implique un perjuicio en la salud mental, la autodeterminación o su desarrollo personal”

La violencia acústica, forma de violencia ejercida a través del sonido (F. Miyara), es una de esas otras conductas que pueden perjudicar la salud, intimidar, degradar, destruir, humillar. Dice el principio de no violencia: “La violencia contra las mujeres constituye una violación de las libertades fundamentales limitando total o parcialmente el reconocimiento, goce y ejercicio de los derechos humanos”. ¿Y por qué será necesaria una ley para no gritarle a la mujer?

Recuerdo tres hechos: un niño que se escondía cuando el papá le gritaba a su esposa. Y en otro, era a los niños a quienes maltrataba, pero ellos no hacían caso, sino que también gritaban. El pequeño apenas comenzaba a hablar, no se le entendía, pero utilizaba el mismo tono que el padre. Los gritos no convencen y solo pueden generar más violencia, resistencia o intimidación. Dice la Ley que “en el caso de niños, niñas y adolescentes, no se podrá alegar el derecho de corrección disciplinaria”. ¿Y por qué códigos, leyes, tratados, convenciones, para no gritarles a niños y a niñas?

Pero los gritos no son solo por enojo o una forma de reprender al niño o pleitos entre los padres, también está la costumbre de tirar puertas, el alto volumen del televisor o la música, mientras otros de la familia duermen, leen, hacen sus trabajos. Eso también es una forma de violencia y maltrato, de irrespeto. ¿Es tan difícil bajar el volumen?

En el tercer caso, padre y madre les gritaban, pero no solo era eso, también las palabras: desde estúpido, maricón, chancho, tonto, hasta las peores. Esto ya no solo es violencia acústica, es también “violencia semántica”. Entonces, no son solo los gritos, los golpes en la mesa, los platos contra el piso, los portazos; también las palabras, el tono y el contenido mismo de lo que se dice. Por ejemplo, si le gritan “estúpida”, es más que gritar, es descalificar a la persona, denigrarla, torturarla y hasta destruirla. Si a un niño le dicen constantemente “inútil” probablemente pensará que no sirve para nada. ¿Qué haría usted, varón, si le gritan ¡estúpido!?

Los gritos van afectando la salud y las relaciones, como canta Joaquín Sabina, “y hubo tanto y tanto ruido que al final llegó el final”. Igualmente, afecta la tranquilidad y la formación de niños y niñas, que reproducen esta forma violenta de expresarse, construyendo cadenas hereditarias. Inclusive, esta cultura se transfiere en cada círculo de poder: el jefe le grita al trabajador, el trabajador a la esposa, la esposa a los niños, el mayor al menor; y la descarga, la intimidación, también llegan al perro. La violencia acústica es una herencia cultural dañina. “¿Por qué mi mamá me grita? Los gritos también hieren”, decía un joven.

Por eso, es interesante ver que la Ley contempla medidas de protección y capacitación, y programas de orientación, atención y prevención dirigidos a modificar conductas violentas y evitar la reincidencia. Y sobre todo, que haya instituciones y organizaciones que contribuyen a que esto se haga realidad.

Hay otras formas de violencia acústica: con frecuencia elevamos la voz para imponer un punto de vista. Dicen algunos que así somos, que es parte de nuestra cultura. Hablar a gritos puede ser costumbre, pero a nadie le gusta que le griten y probablemente seamos rechazados junto con nuestro planteamiento. También he visto cómo algunos profesores de danza, teatro, deportes, les gritan a los estudiantes. Y probablemente no sea por el ruido ambiental. ¿Será necesario?

Y a veces también podemos decir palabras en el tono más dulce, o gritar con la mirada o con el silencio; pero esto ya es capítulo aparte.

* Profesora, comunicadora y abogada.

martes, 11 de diciembre de 2012

Control del ruido en discotecas



Doraldina Zeledón Úbeda

Un joven universitario que busca diversión, encuentra la muerte en una discoteca. La violencia acaba con todo. El ruido es violencia y también mata. Aunque no nos demos cuenta, poco a poco va erosionando la salud. Y de un solo disparo de decibeles puede afectar el corazón. Y es una droga. Puede generar indiferencia, crear caos, interfiere la comunicación; por lo que no es fácil detectar el peligro en un ambiente ruidoso y en algunos casos rebasando la capacidad.

Se han señalado muchos factores que inciden en la inseguridad de las discotecas y el riesgo que corren los clientes. Pero, independientemente de quienes sean culpables directos, las autoridades deben prevenir y controlar su funcionamiento.

Para comenzar, es necesario aprobar la ubicación, no se pueden abrir discotecas en cualquier lugar. Luego, la construcción o acondicionamiento del local, lo cual incluye asegurar un ambiente saludable y seguro: protección contra incendios, salidas de emergencia, capacidad, asilamiento acústico, para que el ruido no afecte al vecindario.
También se debe proteger a clientes y trabajadores. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), “en esos locales se debe reglamentar la exposición ocupacional de los empleados y como mínimo, se deben aplicar las mismas normas a los clientes”.
Según leyes laborales de Nicaragua, si el nivel sonoro promedio es superior a los 85 decibeles, por cada tres decibles se debe reducir la jornada laboral a la mitad, si no se usan protectores auditivos. Es decir que si el nivel sonoro es de 91 decibeles, los trabajadores sólo deben laborar 2 horas. ¿Se cumple? ¿Supervisa el Ministerio del Trabajo?
¿Y qué pasa con los clientes? ¿Cuántos decibeles aguantan cada noche? ¿Cuántas noches al mes, cuántas al año? Dice la OMS que “después de una exposición prolongada, los individuos susceptibles pueden desarrollar efectos permanentes, como hipertensión y cardiopatía asociadas con la exposición a altos niveles de sonido. Existe preocupación respecto al efecto de la música fuerte y sonidos de impulso en los jóvenes que asisten frecuentemente a conciertos, discotecas, salas de video, cines, parques de diversión y eventos al aire libre. En esos eventos, el nivel de sonido generalmente sobrepasa los 100 decibeles LAeq (decibeles promedio). Esa exposición podría generar deficiencia auditiva significativa después de asistencias frecuentes”. “Los clientes no deben estar expuestos a niveles de sonido por encima de 100 decibeles durante un período de cuatro horas más de cuatro veces al año”.
Además de guardas de seguridad, cámaras, detectores de metales, etc., debe asegurarse que el ruido no sea excesivo; por tanto, tiene que haber un reglamento que norme niveles promedios y máximos, lo mismo que horarios. Y colocar una señal y un rótulo que advierta que el ruido afecta la salud, como se hace con los cigarrillos. Por ejemplo, "Los altos niveles sonoros pueden producir lesiones permanentes en el oído". Que sea visible y legible por su tamaño, diseño, iluminación y ubicación.

Para el control del ruido en estos lugares existen los limitadores acústicos. Son comunes en muchos países y regulados por ordenanzas. Tienen como función impedir que se sobrepasen los niveles sonoros permitidos por la normativa. Almacenan los sonidos y registran si son manipulados para alterarlos.

Las discotecas pueden financiarse estos aparatos. Así como buscan cómo hacer el lugar más atractivo, deberían utilizar tecnologías que aseguren un ambiente acústico saludable. También se puede hacer el control directo con sonómetros. Y todo establecimiento o actividad que cuente con amenización musical y publicidad sonora, debería ser regulado.

Recordemos que el ruido no sólo afecta la audición, también puede producir dolor de cabeza, náuseas, estrés, mareos. Afectar el sistema digestivo, circulatorio, respiratorio, la salud mental, la comunicación y el disfrute de muchos derechos.


jueves, 29 de noviembre de 2012

Paradojas de la fe con pólvora

Doraldina Zeledón Úbeda
Creía que la iglesia católica no podría evitar la explosión de pólvora, que si le pidiera a la población que no dispare cohetes, ésta siempre lo haría. Un sacerdote me aclaró: cuando comenzaban los rezos de la Purísima, lo escuché invitando a sus feligreses, desde una radioemisora. Decía que a las cuatro de la madrugada comienzan a tirar cohetes para que la gente se concentre, pero que la procesión comenzaba a las cinco. Las primeras detonaciones son el reloj despertador... ¡Pudieran dejarme dormir una hora más! Creía que la pólvora no era asunto de los párrocos porque cuando pasa la procesión el cura pide a María por “la salud de los que viven en este sector”.

Nos despiertan con el ruido, contaminan con el olor y las partículas, nos ponen en riesgo con las varillas de los cohetes que, todavía con fuego, caen sobre el zinc, quedan entre los árboles, se clavan en los patios y hasta se ensartan en la ropa tendida. Esto puede herir a alguien o generar incendios, como sucedió en los tramos de pólvora, causado por un cohete que cayó en el patio. Así, mientras piden por la salud, afectan el medioambiente y la salud.

¿Será imposible hacerlo sin pólvora y sin parlantes? Un día pasó una procesión diferente. Me llamó la atención y salí a ver. ¡Qué bonito se escuchaban las voces humanas puras! Y eran más claras que cuando pasan con los parlantes, que anulan las voces de la gente, dejando oír sólo la del cura.

La Policía asegura que la venta y uso de pólvora se haga sin problemas, que no haya quemados ni incendios. ¿Y la contaminación atmosférica? ¿Y el olor que queda en las calles y encerrado en las viviendas? ¿Cuánta gente salió afectada por el ruido? ¿Cuánto estrés causa? Y no es un día, se juntan los rezos a la Purísima, la Virgen de Guadalupe, al Niño Dios y por Año Nuevo.

“Policía: Exitoso “Plan María” 2010”, decía un titular. ¿Es un éxito contaminar el ambiente? ¿Es un éxito enfermar por ruido y con todos los contaminantes que componen la pólvora? En nota sobre el trabajo de los Bomberos, se cita que “el manejo de la pólvora ha estado efectivo”. Si contamina y afecta la salud, ¿habrá manejo efectivo? Además, “sólo hubo siete incendios” por “malas prácticas”. Por buenas prácticas, ¿algún periodista preguntó cuántas pérdidas de audición hubo? Claro, como dice un amigo, la pérdida de audición no es tan espectacular como ver los dedos de la mano volando por el aire.

El Ministerio de Salud se prepara para atender a los quemados. ¿Cuántos también tuvieron pérdida de audición? ¿Cuántos de los que llegan por problemas respiratorios fue por causa de la contaminación? ¿Cuánta presión arterial alta fue a causa del ruido? Cuánta acidez estomacal, náuseas, dolor de cabeza, etc. Sería interesante tener estadísticas.

La Procuraduría Ambiental dice que para ella “el ruido es una prioridad”. Y ha invitado a la población para que denuncie. ¿Por qué no incidir para la prevención en vez de esperar que se queje? Cuando la gente reclama es porque ya el problema se dio y es insoportable; es decir, porque quienes tienen la obligación de prevenir, han fallado. Desde que invitan a denunciar es porque poco hicieron para evitarlo.

El Instituto de Turismo podría impulsar celebraciones sin pólvora, pero ya hasta sobre las aguas del Río San Juan estalló el ruido. A lo mejor también retumbó en el Cañón de Somoto. Y la Alcaldía, responsable por el medioambiente y la salud de los habitantes de su municipio, ¿qué hace para evitar el ruido? Podría fomentar actividades sin amplificadores y sin pólvora.

Y en algunas noticias pareciera que los Medios la promueven, como sucede con la nota titulada “Cuidado con la pólvora de baja calidad. La del dragoncito es la original.” Según la ¿información? ¿publicidad?, esta marca es mejor, no como las “que ponen en riesgo a las personas que manipulan esta pólvora y a la población en general”. La otra, la “buena”, ¿no pone en riesgo el medioambiente y a las personas? Inclusive se recuerda que esta marca “de buena calidad” da instrucciones para manejarla: “en los combos de pólvora que ellos diseñan para niños, jóvenes y adultos viene un menú instructivo donde se indica cómo se debe usar”. Me da la impresión que la redactó el dragoncito.

Así, en medio de contradicciones, con ruido y pólvora le cantamos a la Embajadora de la Paz. Y, desde el Estado laico, se celebra como un acto religioso.

Pero es alentador saber que Nagarote se perfumó con el olor de la flor del madroño para recibir a María y a su Niño: en vez de cortarlos para adorno, sembró más. Ojalá que el Alcalde vele para que el gris olor a pólvora no manche el blanco olor de nuestro árbol nacional. Y que los ruidos estruendosos no enmudezcan los arrullos de la Madre para que nuestro Pipito lindo pueda dormir en Nagarote.


Pintura de Leoncio Sáenz

¿Qué hacer ante la complicidad y omisión de las autoridades?
- Aléjese del lugar donde se explota la pólvora
- Use tapones auditivos
- Donde la contaminación atmosférica es mucha, o si tiene problemas respiratorios, use mascarillas
- Proteja a los niños y a personas mayores
- Proteja a su perro
- Para la próxima, podemos promover celebraciones con coros, sin pólvora y sin parlantes. Cada iglesia, cada escuela, cada barrio podría formar sus grupos. Sería maravilloso oír voces humanas armonizadas en las procesiones y en los altares.


¡Feliz Navidad! Y un Año Nuevo con menos ruido.

Publicado en El Nuevo Diario
END - 19:50 - 17/12/2010Sábado, http://www.elnuevodiario.com.ni/opinion/90559

martes, 18 de septiembre de 2012

La Palabra Esencial

Luis Bueno
www.efeteando.com

Cuentan que hace muchos años, en un pequeño país, habitaba una mujer sabia. A ella acudían, desde lejanas tierras, personas en busca de consejo y sabiduría. Todos encontraban ánimo con sus palabras y ella disfrutaba compartiendo. Su fama se había extendido tanto, que cada vez llegaban más y más personas de lugares más remotos, en busca de una palabra suya. Tantos, que cada vez resultaba más complicado poder atenderlos a todos.

Por ello, fue alargando las horas del día que dedicaba a recibir a los visitantes, a entregar una palabra útil o a escuchar de un modo respetuoso y amable los cientos de historias, cuestiones, dudas, que cada uno le traía.
Y alargar las horas no fue solución porque la gente seguía llegando cada vez en mayor número. Y así, su pasión, nacida de su deseo de ser útil, se iba convirtiendo en un esfuerzo agotador. Y sintió que necesitaba hacer algo.

Y buscando una solución, reflexionó si podría encontrar una palabra esencial. Esa palabra capaz de llegar al corazón de todos y cada uno de los que hasta allí se desplazaban, para concederles la luz, la sabiduría y el consejo que necesitaban, independientemente de aquello que estuviese en su corazón. Así, podría llegar a muchos con esa única palabra, y todo sería más sencillo.

¿Sería posible encontrar “la palabra esencial”?. Esa palabra que recogiera el alma de todas las palabras, el común denominador de todas las enseñanzas, el pilar del árbol de la sabiduría.

Y con esta intención convocó a todos los hombres y mujeres sabios conocidos. A todos los maestros de los distintos territorios. Y cuando allí llegaron, les hizo la insólita propuesta:

Necesito vuestra ayuda para encontrar “la palabra esencial”. Ésa que sea principio y fin, luz y camino, oportunidad y poder. Esa palabra que permita a quien la escuche, sea cual sea su necesidad, entender las respuestas que necesita.

Y así empezaron las discusiones. Y todos y cada uno de ellos fueron pidiendo su turno exponiendo cuál, a su entender, era la palabra esencial:

Rápidamente surgió la palabra AMOR. Dulce y profunda palabra. Pero casi con la misma inmediatez surgieron voces manifestando cuánta dependencia, cuánto dolor, cuánto sufrimiento se había derrochado invocando esa palabra. Y cuántas personas habían sentido que su vida no era tal si éste no respondía a sus pretensiones. Sin olvidar a aquéllos que habían olvidado, si es que alguna vez habían tenido ocasión de aprenderlo, que el verdadero amor empezaba en uno mismo. Para todos ellos la palabra AMOR no era la palabra. Y fue desechada como palabra esencial.

El siguiente en alzar la voz propuso la palabra PERDÓN. Amable y necesaria palabra. Y aunque rápidamente convinieron en su poder, no fueron pocos los que empezaron a cuestionar su idoneidad. Tanta gente había construido su existencia desde la falta de PERDÓN o desde la equívoca ignorancia de que éste era algo que se recibía de otros o se entregaba a otros olvidándose de uno mismo, que no parecía que fuera la palabra esencial. También se descartó.

Otro propuso la palabra PAZ. Pero él mismo, pacíficamente, cayó en la cuenta pronto de cuántas desdichas y enfrentamientos innecesarios se habían sustentado sobre el innegable valor de tan valioso propósito. Tanta lucha, en pos de la PAZ, había devaluado el íntimo sentido de ésta. Tampoco era la palabra buscada.

Y así, una tras otra, se fueron desechando palabras tales como CONFIANZA, AMISTAD, INTENCIÓN, LIBERTAD, PROPÓSITO, GRATITUD… Todas eran valiosas, grandes, pero ninguna parecía reunir los requisitos para convertirse en la palabra esencial válida para todos.

Mientras todo esto ocurría, uno de los sabios presentes guardaba silencio. Un silencio tan envolvente, amable, sincero, dulce y abierto, que llenaba de valor y solemnidad cada instante allí vivido. Y fue entonces que nuestra protagonista, que sabía leer en los mensajes más escondidos y entender las señales menos visibles, comprendió.

Y empezó a hablar. Nos hemos esforzado en encontrar la palabra. Hemos analizado desde la cabeza. Hemos valorado desde la razón. Todos y cada uno de nosotros hemos perseguido un resultado único. Una palabra esencial. Y sin embargo, señalando al que guardaba silencio desde el inicio, él nos está enseñando donde radica el misterio que buscamos. La fuente original de comprensión y poder. El valor preciso en instantes de desconcierto. La verdadera palabra esencial.

La palabra que estamos buscando no existe, porque esa palabra se ha cubierto de silencio para que sólo pueda ser escuchada desde el interior. Desde lo más íntimo, desde lo más callado. Desde el respeto sereno y silencioso uno escucha lo que precisa. Desde la paz tranquila del recorrido interno, el silencio brinda la verdadera respuesta.

Todos, en silencio, entendieron el verdadero valor del descubrimiento. Y todos, en silencio, escucharon lo que en ese momento necesitaban entender y escuchar. Y se produjo el milagro. Ese silencio tomo tantas formas y significados como los allí presentes. Y todos gozaron de esa falta de palabra.


Y desde ese día, cada visitante, cada viajero, cada persona que llegaba pidiendo, buscando o solicitando, recibía una invitación a escuchar esa palabra sin palabras. Ese silencio nutritivo, en el que saciar la sed del buscador. Esa conexión íntima con la esencia que las palabras no podían atrapar.

Y eran muchos los que, en un silencio cálido y compartido, escuchaban su propia palabra. Y su palabra se hacía vida.

Y este aprendizaje también se extendió por tierras lejanas, y la palabra hecha silencio, y el silencio poblado de palabras, se convirtieron en manantial de comprensión. Y el silencio acompañó los oídos abiertos de todos los que quisieron escuchar. Y ese silencio permitió a muchos escuchar sus propias palabras esenciales, su verdadero sentido y significado…

Y desde ese día, nada volvió a sonar igual.
Desde el silencio… Salud y paz

Enviado por Miguel Angel Romero desde Formación para Formadores(MiguelAngel@formacionparaformadores.

Gracias al autor "Bueno", por permitirnos compartirlo.

sábado, 1 de septiembre de 2012

Violencia acústica intrafamiliar

Doraldina Zeledón Úbeda

Según la Ley 779, “Ley Integral contra la Violencia hacia las Mujeres y de Reformas a la Ley 641, "Código Penal", violencia psicológica es la acción u omisión destinada a degradar o controlar las acciones, comportamientos, decisiones y creencias de la mujer por medio de la intimidación, manipulación, coacción, comparaciones destructivas, vigilancia eventual o permanente, insultos, amenaza directa o indirecta, humillación, aislamiento o cualquier otra conducta que implique un perjuicio en la salud mental, la autodeterminación o su desarrollo personal”

La violencia acústica, forma de violencia ejercida a través del sonido (F. Miyara), es una de esas otras conductas que pueden perjudicar la salud, intimidar, degradar, destruir, humillar. Dice el principio de no violencia: “La violencia contra las mujeres constituye una violación de las libertades fundamentales limitando total o parcialmente el reconocimiento, goce y ejercicio de los derechos humanos”. ¿Y por qué será necesaria una ley para no gritarle a la mujer?

Recuerdo tres hechos: un niño que se escondía cuando el papá le gritaba a su esposa. Y en otro, era a los niños a quienes mal-trataba, pero ellos no hacían caso, sino que también gritaban. El pequeño apenas comenzaba a hablar, no se le entendía, pero utilizaba el mismo tono que el padre. Los gritos no convencen y sólo pueden generar más violencia, resistencia o intimidación. Dice la Ley que “en el caso de niños, niñas y adolescentes, no se podrá alegar el derecho de corrección disciplinaria”. ¿Y por qué códigos, leyes, tratados, convenciones, para no gritarles a niños y a niñas?

Pero los gritos no son sólo por enojo o una forma de reprender al niño o pleitos entre los padres, también está la costumbre de tirar puertas, el alto volumen del televisor o la música, mientras otros de la familia duermen, leen, hacen sus trabajos. Eso también es una forma de violencia y maltrato, de irrespeto. ¿Es tan difícil bajar el volumen?

En el tercer caso, padre y madre les gritaban, pero no sólo era eso, también las palabras: desde estúpido, chancho, tonto, hasta las peores. Esto ya no sólo es violencia acústica, es también “violencia semántica”. Entonces, no son solo los gritos, los golpes en la mesa, los platos contra el piso, los portazos; también las palabras, el tono y el contenido mismo de lo que se dice. Por ejemplo, si le gritan “estúpida”, es más que gritar, es descalificar a la persona, denigrarla, torturarla y hasta destruirla. Si a un niño le dicen constantemente “inútil” probablemente pensará que no sirve para nada. ¿Qué haría usted, varón, si le gritan ¡estúpido!?

Los gritos van afectando la salud y las relaciones, como canta Joaquín Sabina, “y hubo tanto y tanto ruido que al final llegó el final”. Igualmente, afecta la tranquilidad y la formación de niños y niñas, que reproducen esta forma violenta de expresarse, construyendo cadenas hereditarias. Inclusive, esta cultura se transfiere en cada círculo de poder: el jefe le grita al trabajador, el trabajador a la esposa, la esposa a los niños, el mayor al menor; y la descarga, la intimidación, también llegan al perro. La violencia acústica es una herencia cultural dañina. “¿Por qué mi mamá me grita? Los gritos también hieren”, decía un joven.

Por eso, es interesante ver que la Ley contempla medidas de protección y capacitación, y programas de orientación, atención y prevención dirigidos a modificar conductas violentas y evitar la reincidencia. Y sobre todo, que haya instituciones y organizaciones que contribuyen a que esto se haga realidad.

Hay otras formas de violencia acústica: con frecuencia elevamos la voz para imponer un punto de vista. Dicen algunos que así somos, que es parte de nuestra cultura. Hablar a gritos puede ser costumbre, pero a nadie le gusta que le griten y probablemente seamos rechazados junto con nuestro planteamiento. También he visto cómo algunos profesores de danza, teatro, deportes, les gritan a los estudiantes. Y probablemente no sea por el ruido ambiental. ¿Será necesario?

Y a veces también podemos decir palabras en el tono más dulce, o gritar con la mirada o con el silencio; pero esto ya es capítulo aparte.

lunes, 20 de agosto de 2012

Mi voto es ecológico

Doraldina Zeledón Ubeda

Madre, que dar pudiste de tu vientre pequeño
tantas rubias bellezas y tropical tesoro,
tanto lago de azures, tanta rosa de oro,
tanta paloma dulce, tanto tigre zahareño.

Yo te ofrezco el acero en que forjé mi empeño,
la caja de armonía que guarda mi tesoro,
la peaña de diamantes del ídolo que adoro
y te ofrezco mi esfuerzo, y mi nombre y mi sueño.

“Nicaragua”, Rubén Darío (1889).

Ríos sin agua, bosques sin árboles, fauna sin aves ni “tigre zahareño”; urbanismo sin urbanización, terrenos sin suelo, lagunas-basureros, descanso sin tranquilidad, niños sin futuro: sucios, desnutridos, enfermos. Todo producto de los problemas ambientales originados por la misma humanidad: contaminación de ríos que hacen escasear el agua, incendios sin planes de prevención, tala incontrolada de bosques; consumismo y falta de educación que aumentan el problema de la basura y el agotamiento de los recursos naturales; el ruido que no nos importa; la emisión de gases de los vehículos que contamina y calienta la atmósfera; en fin, la muerte de los “lagos azures”, el deterioro de ecosistemas y paisajes, pérdida del “tropical tesoro”, de la biodiversidad gracias a la cual vivimos y que Darío cantara hace más de un siglo, pero que si viniera, no encontraría.

Son estos algunos de los problemas ambientales en el país y en cada municipio, además de la pobreza, debido a la injusta distribución de la riqueza que Dios le dio a Nicaragua, pero que no hemos sabido valorar ni compartir.

Las autoridades municipales son las responsables inmediatas de la solución a los problemas del municipio, entre ellos los problemas ambientales. Todas las áreas de la gestión edilicia deberían contemplar la dimensión ambiental: en la ordenación del territorio, en la construcción, en el transporte, en el comercio, en la educación. El medioambiente debería ser parte de los planes y programas, y por ende de los presupuestos, porque si dicen que defienden el medio ambiente, pero no contemplan una partida financiera, no harán mucho. También se debe integrar en las relaciones internacionales, para adquirir recursos, económicos, técnicos, profesionales, etc. Y los municipios vecinos, muchas veces pertenecientes una misma región natural o que comparten un recurso natural, como un río o un bosque, no deberían preocuparse sólo por ver a quién le pertenece, sino unirse por el desarrollo y protección de esos recursos y de la región.

El trabajo por el medioambiente tenemos que tomarlo más en serio, no sólo las autoridades, todos tenemos la obligación, no podemos seguir contaminando y destruyendo los recursos naturales. Ni quejándonos por la falta de agua, del calor o del ruido, tenemos que actuar conjuntamente con las autoridades. Si cada persona aporta en la medida de sus posibilidades, si no esperamos a que nos resuelvan todos los problemas sin mover un dedo, la sociedad sería otra. Hay municipios muy laboriosos, de los cuales emana vida, dinamismo y hasta orgullo, que si se lo proponen, arrancarían de verdad, sin estar esperando que el país arranque sobre la base de discursos y pactos. Y corrupción sobre corrupción. Pero se necesita líderes, autoridades municipales que no defrauden al pueblo. Y se necesita ciudadanos y ciudadanas que, como Rubén Darío, cada quien en su dimensión, le digan a su terruño: “y te ofrezco mi esfuerzo, y mi nombre y mi sueño”.

Estamos en período de elecciones. Seguramente cada candidato habrá integrado a su programa la defensa del medioambiente. Tiscapa, el río Estelí, el río Negro, las Canoas, el barrio Hugo Chávez, el turismo ecosostenible, las vedas, las tierras indígenas, etc., serán ingredientes en las campañas. Ahora que comiencen, desmenucemos los programas, veamos cuál es la realidad o si sólo serán parte de los discursos. Analicemos a los candidatos y candidatas, cuál ha sido su compromiso por el medioambiente y su grado de credibilidad, porque en las elecciones municipales es más fácil este análisis, ya que los candidatos son más cercanos y por lo tanto más conocidos. Entonces, nuestro voto sería por el programa que más defienda el medioambiente y por el candidato más creíble.

Y si el medioambiente sigue siendo la cenicienta, entonces, en cada municipio deberíamos hacer un listado de los problemas ambientales y las estrategias para enfrentarlos, y aportar sugerencias para que los candidatos las integren en sus programas. Por ejemplo, incluir planes contra incendios, para estar preparados y que las llamas no se lleven nuestros pinos, y no seguir apagando el fuego con las ramas de los mismos árboles. Proyectos de educación ambiental, no sólo en las escuelas, ni sólo relacionados con la siembra de árboles o recogida de basura, sino programas integrales relacionados con las diferentes áreas del medioambiente; y no como una asignatura que haya que aprobar, sino para formar hábitos y valores, para sensibilizarnos y actuar con responsabilidad en el medio y por el medio. Incentivos para las personas y organizaciones que trabajan por el medioambiente, como lo contempla la Ley 217. Reforestación. Iniciativas de leyes, por ejemplo para un sistema de reducción y gestión de residuos y no quedarnos sólo en recoger la basura y trasladar el problema a otro lugar, es como quitar la basura del frente de la casa y llevarla al patio, para que no se vea. O la ley de ruido. O aplicar la ley de costas, para que el turismo no siga comiéndose la tranquilidad que buscan los turistas o los pedacitos de costa que aún quedan, como en San Juan del Sur.

Tantos problemas ambientales, tantas acciones por realizar. Las elecciones municipales deberían ser un reto para mejorar la calidad de vida de todos, mejorando el medio ambiente. Veamos qué ofrecen. Y digámosles: “mi voto es ecológico”. Pero no basta el voto, hay que darles seguimiento y apoyarlos. ¿Y si no cumplen?, ¡a botarlos!


La autora es docente, comunicadora y abogada ambientalista.


El Nuevo Diario- 24 de MAYO de 2004| Managua, Nicaragua

Me gustas cuando callas

Pablo Neruda

Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
Y parece que un beso te cerrara la boca.

Como todas las cosas están llenas de mi alma
emerges de las cosas, llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía.

Me gustas cuando callas y estás como distante.
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:
Déjame que me calle con el silencio tuyo.

Déjame que te hable también con tu silencio
Claro como una lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.

Me gustas cuando callas porque estás como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, alegre de que no sea certo.