viernes, 4 de diciembre de 2015
domingo, 8 de noviembre de 2015
sábado, 7 de noviembre de 2015
jueves, 5 de noviembre de 2015
Semillas del silencio
Del libro "Ni lobo ni perro. Por senderos olvidados con un anciano indio"
de Kent Nerburn, testimonio de un indio Lakota.
Nosotros los indios sabemos del silencio. No le
tenemos miedo. De hecho, para nosotros es más poderoso que las palabras.
Nuestros ancianos fueron educados en las maneras del silencio y ellos nos
transmitieron ese conocimiento a nosotros. Observa, escucha y luego actúa, nos
decían. Esa es la manera de vivir.
Observa a los animales para ver cómo cuidan a sus crías. Observa a los ancianos
para ver cómo se comportan. Observa al hombre blanco para ver qué quiere.
Siempre observa primero, con corazón y mente quietos, y entonces aprenderás.
Cuando hayas observado lo suficiente, entonces podrás actuar.
Con ustedes es lo contrario. Ustedes aprenden
hablando. Premian a los niños que hablan más en la escuela. En sus fiestas
todos tratan de hablar. En el trabajo siempre están teniendo reuniones en las
que todos interrumpen a todos, y todos hablan cinco, diez o cien veces. Y le
llaman "resolver un problema". Cuando están en una habitación y hay
silencio, se ponen nerviosos. Tienen que llenar el espacio con sonidos. Así que
hablan impulsivamente, incluso antes de saber lo que van a decir.
A la gente blanca le gusta discutir. Ni siquiera
permiten que el otro termine una frase. Siempre interrumpen. Para los indios
esto es muy irrespetuoso e incluso muy estúpido. Si tú comienzas a hablar, yo
no voy a interrumpirte. Te escucharé. Quizás deje de escucharte si no me gusta
lo que estás diciendo. Pero no voy a interrumpirte. Cuando termines, tomaré mi decisión
sobre lo que dijiste, pero no te diré si no estoy de acuerdo, a menos que sea
importante. De lo contrario, simplemente me quedaré callado y me alejaré. Me
has dicho lo que necesito saber. No hay nada más que decir. Pero eso no es
suficiente para la mayoría de la gente blanca.
La gente debería pensar en sus palabras como si
fuesen semillas. Deberían plantarlas y luego permitirles crecer en silencio.
Nuestros ancianos nos enseñaron que la tierra siempre nos está hablando, pero
que debemos guardar silencio para escucharla. Existen muchas voces además de
las nuestras. Muchas voces.
miércoles, 4 de noviembre de 2015
martes, 6 de octubre de 2015
Día de San Francisco y de los animales, ¿con ruido?
¿Seguimos con pólvora en las celebraciones católicas? ¿Habrán leído la encíclica todos los sacerdotes?
El 4 de octubre, día de San Francisco, es también del Día Mundial de los Animales, a los que él amaba y consideraba sus hermanos. Algunas iglesias incluyen en la celebración en honor al Santo, explosiones de pólvora. El ruido afecta a los animales. Los perros ladran mucho o se esconden, sufren de estrés, igualmente los gatos. Las aves se corren. El ruido las estresa y desorienta, les afecta de diferentes maneras, igual que a los humanos. Además, la pólvora contamina el ambiente de diferentes formas.
El Papa Francisco en su encíclica sobre medioambiente dijo: "Hoy advertimos, por ejemplo, el crecimiento desmedido y desordenado de muchas ciudades que se han hecho insalubres para vivir, debido no solamente a la contaminación originada por las emisiones tóxicas, sino también al caos urbano, a los problemas del transporte y a la contaminación visual y acústica"
Me alegré. Pensé que ya no habría pólvora en las celebraciones católicas. Vivo a media cuadra de la iglesia San Francisco. Toda la mañana hubo ruido. El gatito no pudo salir al patio.
Pero claro, es un proceso largo el cambio cultural.
viernes, 18 de septiembre de 2015
SONOGENÉTICA
Científicos de EE UU toman el control de un animal con ondas sonoras
Una nueva técnica utiliza ultrasonidos para apagar y encender neuronas de un gusano
El vídeo es impactante. Un gusano que comparte el 40% de sus genes con el ser humano se mueve de izquierda a derecha. De repente, pega un giro brusco sin causa aparente y da media vuelta. La escena se produce en un laboratorio del Instituto Salk en La Jolla (EE UU) y el gusano no es un bicho normal. Ha sido modificado genéticamente para que algunas células de su sistema nervioso se activen con ultrasonidos, ondas sonoras imperceptibles por el oído humano. El gusano es una marioneta y los hilos son sonidos inaudibles. El titiritero es el neurobiólogo Sreekanth Chalasani.
Con estos mimbres, un escritor de ciencia ficción necesita poco más para armar una historia de zombis humanos movidos por ultrasonidos, pero tendrá que echarle mucha imaginación. La nueva técnica, bautizada sonogenética, de momento solo se ha probado en gusanos de la especie Caenorhabditis elegans, unas criaturas de un milímetro muy utilizadas por la comunidad científica para estudiar enfermedades como el alzhéimer y la obesidad.
La sonogenética es una técnica similar a la más veteranaoptogenética, en la que se instalan genes de algas sensibles a la luz a bordo de virus inofensivos que infectan a animales (terapia génica). El nuevo material genético en las neuronas animales produce proteínas que funcionan como un interruptor de las células, apagándolas y encendiéndolas en función de ráfagas de luz láser emitidas por los científicos. Con la optogenética ya se ha logradocontrolar el comportamiento de monos y es muy utilizada para averiguar la función de células concretas.
“Si utilizamos terapia génica y un virus terapéutico [como en la optogenética], podríamos hacer que determinadas neuronas humanas fueran temporalmente sensibles a señales de ultrasonido para ciertos tratamientos neurológicos”, imagina Chalasani, principal autor del estudio. “Tenemos que trabajar mucho más antes de que podamos utilizar este método para una terapia en humanos, pero somos optimistas”, sostiene. Chalasani cree que la sonogenética podría emplearse en el futuro como técnica contra el párkinson en sustitución de la actual estimulación cerebral profunda, un tratamiento que requiere implantar un electrodo dentro del cráneo de un paciente para estimular con electricidad zonas específicas de su cerebro.
El equipo de Chalasani detectó en la membrana de algunas células una proteína sensible a los ultrasonidos. Luego modificó genéticamente a los gusanos para que algunas de sus neuronas incluyeran este interruptor natural de encendido y apagado. “Ahora tenemos que demostrar que esta técnica funciona en otros animales, incluyendo los ratones”, admite el neurobiólogo.
Los autores ven un posible tratamiento contra el párkinson en el futuro
Chalasani, que acaba de publicar su estudio en la revista científicaNature Communications, cree que la sonogenética puede sustituir a la optogenética, inventada en 2004 en la Universidad de Stanford (EE UU) y todavía sin aterrizar en los hospitales. “La optogenética funciona bien, pero para llegar a células o tejidos profundos necesitas una operación quirúrgica para insertar fibra óptica”, argumenta el investigador. Este método se hizo famoso por los vídeos del neurocientífico Karl Deisseroth, en los que mostraba a ratones teledirigidos mediante una fibra óptica en su cráneo. La sonogenética, defiende Chalasani, no requiere cirugía invasiva, ya que los ultrasonidos viajan sin problemas a través del cerebro y otros tejidos.
“La sonogenética está bien como principio, pero no es una revolución”, opina Luis de Lecea, un español profesor de Psiquiatría en la Universidad de Stanford. En su laboratorio, pegado al de Deisseroth, utiliza la optogenética en ratones para estudiar los circuitos cerebrales implicados en la drogadicción, el sueño y el estrés. De Lecea recuerda que se están ultimando alternativas que no requieren cirugía, gracias a proteínas más sensibles a la luz que se activan con luz infrarroja, capaz de recorrer el cráneo sin abrirlo. “En cinco años se aprobará la optogenética para sustituir a la estimulación cerebral profunda contra el párkinson”, aventura.
“El trabajo es muy interesante. Como es una técnica nueva, puede tener ventajas únicas o inesperadas y hay que explorarlas”, valora Pau Gorostiza, profesor ligado a la fundación ICREA en el Instituto de Bioingeniería de Cataluña. Gorostiza es uno de los padres de la optofarmacología, una técnica que desarrolla fármacos sensibles a la luz. En julio, el método se empleó con éxito en la Universidad de Múnich (Alemania) para activar con luz azul fármacos contra el cáncer solo allí donde se necesitan, un logro que promete reducir los efectos secundarios de la quimioterapia.
Gorostiza insiste en que la desventaja de la optogenética no es la dificultad de iluminar tejidos profundos, sino la necesidad de recurrir a la terapia génica, la inserción artificial de nuevo material genético en las células. Este problema es común a optogenética y a sonogenética y puede “acarrear respuestas inmunológicas”, advierte el físico. “Si puedo hacer un poco de propaganda, los fármacos regulados con luz no tienen la limitación genética, pero sí la derivada de la iluminación”, expone.
http://elpais.com/elpais/2015/09/16/ciencia/1442426247_859512.html
Fuente: carta Bodán
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