Día Internacional de Conciencia sobre el Ruido último miércoles de abril

Paz

Alfonsina Storni
Vamos hacia los árboles... el sueño
Se hará en nosotros por virtud celeste.
Vamos hacia los árboles; la noche
Nos será blanda, la tristeza leve. Paz

Vamos hacia los árboles, el alma
Adormecida de perfume agreste.
Pero calla, no hables, sé piadoso;
No despiertes los pájaros que duermen.

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Anidando en el porche

domingo, 6 de marzo de 2011

Ruido en Estelí

El Nuevo Diario http://www.end.com.ni/opinion/100330_ruido-en--estelí

Doraldina Zeledón Úbeda

Cuando vine a estudiar a Managua lo que más me molestó fue el ruido, además del calor; pero ahora Estelí también está ruidosa. Los altos decibeles andan por la libre en las calles, a la vista de las autoridades municipales y delegados de gobierno con competencia para velar por la salud, el medioambiente y los derechos humanos. Al pasar por el centro, observé que la empresa Claro tenía instalados dos parlantes gigantes casi en los oídos del Alcalde. De repente hasta la Madre del parque queda sorda.

Hay carros circulando con música a todo volumen y con las ventanas abiertas, además está la publicidad móvil. Durante el día se aguantan los parlantes y los pitazos de los vehículos, y por la noche, la música de discotecas. Es el caso del Dr. Molina, que dice fue amenazado cuando reclamó a una tienda. Se instaló la guerra de ruidos, con el debido control, se puede evitar la guerra por ruidos. Menos mal que el tema ya está en la agenda de las autoridades y que algunos afectados ya están organizados y denuncian.

En la Farmacia Fátima me dijeron que desde Managua llega más ruido: microbusitos con parlantes para publicidad de empresas. Inclusive, laboratorios farmacéuticos. Enferman a la gente para que después compre medicinas. Y seguro se maquillan de verde, por la “responsabilidad social empresarial”. También viene ruido desde más allá, pues hay empresas extranjeras que en su país no hacen esto, y aquí se dan gusto, como Movistar.

Lo peor lo sentí en la acera del Supermercado Las Segovias. Están parqueados varios microbuses con parlantes. Los transeúntes que atendían su celular, con una mano sostenían el teléfono y con la otra se tapaban el oído libre, además tenían que caminar rápido para salir del mar de ruidos. Esto es una verdadera agresión acústica, y si se suma que las aceras son angostas y están ocupadas con ventas, la inseguridad aumenta.

Había una mesa con mantel largo en la acera del Supermercado, debajo estaba un parlante, que no se miraba, y el sonido era controlado desde un microbús, por cierto mal parqueado (esto no lo ve la Policía). Encima de la mesa, la mercadería en exhibición. La joven que atiende aguanta todo el ruido a quemarropa o a quemaoídos. Por tanto, su jornada laboral debería reducirse porque no usa protectores auditivos. Así, los parlantes en las aceras son comunes. ¿Para atraer clientes? Creo que más bien los corren, y enferman a los trabajadores que tienen que soportar, por miedo al desempleo. Sería bueno que el Ministerio del Trabajo inspeccionara la salud ocupacional en estos lugares.

En la esquina de la Mega Boutique, frente al Súper, hay otros amplificadores de sonido. En la Farmacia no hay parlantes, pero todo este ruido la invade. Me dijeron que no hallan qué hacer, pues han denunciado varias veces, pero que las autoridades no dan respuesta. “Primero porque no tenían sonómetro, después porque no lo sabían manejar. Ahora ya tienen y ya los capacitaron, entonces están esperando la ordenanza. Esto es una burla”. Yo salí sin voz, porque había que gritar para conversar. Y sucede en un día normal. ¿Cómo será para el Día de la Madre, previo a Semana Santa y en diciembre?

También está el sonido intenso de la sirena, que por cuestión de “cultura” baña tradicionalmente la ciudad con ondas acústicas. Tres veces al día, una dosis puntual y exacta contra la salud.

Si no hay ordenanza ni se aplican las leyes administrativas, está la vía penal, con el artículo 534. Se puede recurrir a la Procuraduría Ambiental. También, ir directamente al juzgado, pero se necesita abogado. Y falta organizarse más. El ruido es un contaminante muy local. Nadie va a llegar a resolver el problema puntual de cada vecindario. Aunque a veces somos muy cómodos y esperamos que otros resuelvan o que alguien venga a salvarnos.

Las ordenanzas deberían ser sencillas, de tal forma que, en algunos casos, sin necesidad de sonómetro puedan proteger a la población. También se necesitan reglamentos claros. Desde que se solicita permiso para una discoteca, se debería exigir el aislamiento acústico y la ubicación. El certificado de salud debe incluir el problema del ruido. La prevención ahorraría tiempo, recursos, enfermedades, además de dar un mayor atractivo a la ciudad, pues este caos le quita brillo al “Diamante”. Pero no todo el comercio ni todo Estelí son ruidosos, algunas tiendas no tienen parlantes, y siempre tienen clientes. Y hay barrios acogedores, donde todavía se escucha el canto de las aves y la risa de los niños en las calles.

Las viviendas, negocios, clínicas y oficinas que son afectadas, podrían tener aislamiento acústico, al menos puertas y ventanas de vidrio antirruido. Es el costo del desarrollo malentendido. He observado que algunas ya se defienden de esta forma. De paso se protegen del polvo, el humo y los malos olores.

Y por encima de todo, está el interés y la voluntad de los diferentes sectores, si Estelí quiere, en poco tiempo puede garantizar un ambiente sonoro saludable. Es trabajo conjunto: los funcionarios y la población; la Cámara de Comercio, las cooperativas de transporte, educación, salud, las organizaciones, los jóvenes, los medios de comunicación. La información y la sensibilización son primordiales. Si nos apreciamos, debemos respetarnos y respetar. Y no permitir lo que nos perjudique. Si queremos, podemos.

Esto sucede en varias ciudades, pero somos capaces de revertirlo y hacer de nuestro país y de cada ciudad un lugar atractivo y tranquilo. Contribuir con la salud de la población y al disfrute de sus derechos. Y si los políticos se preocupan por esto, deben atenuar el ruido electoral. La creatividad y el respeto por sus electores pueden generar alternativas saludables.

sábado, 26 de febrero de 2011

Campaña electoral y contaminación ambiental

Doraldina Zeledón Úbeda

Madre, que dar pudiste de tu vientre pequeño
tantas rubias bellezas y tropical tesoro,
tanto lago de azures, tanta rosa de oro,
tanta paloma dulce, tanto tigre zahareño.

Yo te ofrezco el acero en que forjé mi empeño,
la caja de armonía que guarda mi tesoro,
la peaña de diamantes del ídolo que adoro
y te ofrezco mi esfuerzo, y mi nombre y mi sueño.

“Nicaragua”, Rubén Darío (1889).

Ríos sin agua, bosques sin árboles, fauna sin aves ni “tigre zahareño”; urbanismo sin urbanización, terrenos sin suelo, lagunas-basureros, descanso sin tranquilidad, niños sin futuro: sucios, desnutridos, enfermos. Todo producto de los problemas ambientales originados por la misma humanidad: contaminación de ríos que hacen escasear el agua, incendios sin planes de prevención, tala incontrolada de bosques; consumismo y falta de educación que aumentan el problema de la basura y el agotamiento de los recursos naturales; el ruido que no nos importa; la emisión de gases de los vehículos que contamina y calienta la atmósfera; en fin, la muerte de los “lagos azures”, el deterioro de ecosistemas y paisajes, pérdida del “tropical tesoro”, de la biodiversidad gracias a la cual vivimos y que Darío cantara hace más de un siglo, pero que si viniera, no encontraría.

Son estos algunos de los problemas ambientales en el país y en cada municipio, además de la pobreza, debido a la injusta distribución de la riqueza que Dios le dio a Nicaragua, pero que no hemos sabido valorar ni compartir.

Todas las áreas de la gestión deberían contemplar la dimensión ambiental: en la ordenación del territorio, en la construcción, en el transporte, en el comercio, en la educación. El medioambiente debería ser parte de los planes y programas, y por ende de los presupuestos, porque si dicen que defienden el medio ambiente, pero no contemplan una partida financiera, no harán mucho. También se debe integrar en las relaciones internacionales, para adquirir recursos, económicos, técnicos, profesionales, etc.

El trabajo por el medioambiente tenemos que tomarlo más en serio, no sólo las autoridades, todos tenemos la obligación, no podemos seguir contaminando y destruyendo los recursos naturales. Ni quejándonos por la falta de agua, del calor o del ruido, tenemos que actuar conjuntamente con las autoridades. Si cada persona aporta en la medida de sus posibilidades, si no esperamos a que nos resuelvan todos los problemas sin mover un dedo, la sociedad sería otra. Hay municipios muy laboriosos, de los cuales emana vida, dinamismo y hasta orgullo, que si se lo proponen, arrancarían de verdad, sin estar esperando que el país arranque sobre la base de discursos y pactos. Y corrupción sobre corrupción. Pero se necesita líderes, autoridades que no defrauden al pueblo. Y se necesita ciudadanos y ciudadanas que, como Rubén Darío, cada quien en su dimensión, le digan a su terruño: “y te ofrezco mi esfuerzo, y mi nombre y mi sueño”.

Estamos en período de elecciones. Seguramente cada candidato habrá integrado a su programa la defensa del medioambiente. Ahora que comiencen, desmenucemos los programas, veamos cuál es la realidad o si sólo serán parte de los discursos. Analicemos a los candidatos y candidatas, cuál ha sido su compromiso por el medioambiente y su grado de credibilidad. Entonces, nuestro voto sería por el programa que más defienda el medioambiente y por el candidato más creíble.

Y si el medioambiente sigue siendo la cenicienta, entonces, deberíamos hacer un listado de los problemas ambientales y las estrategias para enfrentarlos, y aportar sugerencias para que los candidatos las integren en sus programas. Por ejemplo, incluir planes contra incendios, para estar preparados y que las llamas no se lleven nuestros pinos, y no seguir apagando el fuego con las ramas de los mismos árboles. Proyectos de educación ambiental, no sólo en las escuelas, ni sólo relacionados con la siembra de árboles o recogida de basura, sino programas integrales relacionados con las diferentes áreas del medio ambiente; y no como una asignatura que haya que aprobar, sino para formar hábitos y valores, para sensibilizarnos y actuar con responsabilidad en el medio y por el medio. Y aplicar la Ley. Incentivos para las personas y organizaciones que trabajan por el medio ambiente, como lo contempla la Ley 217. Reforestación. Iniciativas de leyes, por ejemplo para un sistema de reducción y gestión de residuos y no quedarnos sólo en recoger la basura y trasladar el problema a otro lugar, es como quitar la basura del frente de la casa y llevarla al patio, para que no se vea. O la ley de ruido, o cumplir la ley de costas, para que el turismo desordenado no siga comiéndose la tranquilidad que buscan los turistas o los pedacitos de costa que aún quedan, como en San Juan del Sur.

Tantos problemas ambientales, tantas acciones por realizar. Las elecciones deberían ser un reto para mejorar la calidad de vida de todos, mejorando el medio ambiente. Veamos qué ofrecen. Y digámosles: “mi voto es ecológico”. Pero no basta el voto, hay que darles seguimiento y apoyarlos. ¿Y si no cumplen?, ¡a botarlos!


Mayo, 2004, año de elecciones municipales. Editado febrero 2011, año de elecciones nacinales.

http://www.elnuevodiario.com.ni/opinion/28219
24 de MAYO de 2004 Hora local 09:14 A.M. | Managua, Nicaragua

Quien contamina paga

Doraldina Zeledón Úbeda

“Quien contamina paga” es un principio internacional del Derecho Ambiental. Significa que las empresas, instituciones, organizaciones, partidos políticos, países y personas que contaminan deben asumir los costos que implica esa contaminación. Se debe evitar que las víctimas, el Estado o la sociedad asuman los costos por los efectos adversos de sus actividades sobre el medio ambiente y las personas.

Después de las elecciones, las alcaldías están limpiando o buscando cómo limpiar la basura que dejó la campaña. Algunos alcaldes dicen que los partidos políticos es difícil que paguen y que solicitarán apoyo al Consejo Supremo Electoral para que les ayude: de lo que corresponde rembolsar a cada partido en concepto de gastos en la campaña, que se le retenga lo concerniente a la limpieza de la basura electoral.

Hay dos situaciones, en primer lugar, debería estar establecido en la Ley Electoral; segundo, si se paga por esta vía, sería el pueblo quien pague con sus impuestos, y no quien contamina. Pero al menos que no se les regrese lo que significa el desmontaje; sin embargo, el costo en recursos, y el costo que significa para el medioambiente toda esta basura, seguirá sin pagarse.

Quienes deberían pagar son los partidos políticos y las agencias de publicidad. El presupuesto de las campañas debería incluir el desmontaje. Pero como esto tampoco arregla el problema ambiental y de gastos, debería establecerse un costo máximo para las campañas. Y no sólo para asumir la descontaminación, debe establecerse una cantidad máxima de soportes publicitarios. Se debe cuantificar todo, por varias razones: evitar la contaminación con la propia campaña, evitar que el pueblo pague el desmontaje; minimizar la producción de residuos; ahorrar recursos. Porque no es ético que mientras haya tanta pobreza se gaste tanto en promesas (alguien dirá que soy ingenua al pensar en ética electoral, pero a lo mejor sí es válido, si se reconcilia la necesidad con el derroche). Y es injusto que cerca de un ranchito a oscuras en la carretera haya un gran rótulo iluminado y a todo color; que por todas las calles haya mantas publicitarias, mientras por todas las calles y campos andan personas con trapos rotos. Es una burla que mientras en el Hospital Materno Infantil Fernando Vélez Paiz haga falta un rótulo para pedir a los conductores que no suenen la bocina, haya cientos de mensajes electorales ofreciendo salud y besando niños y niñas. Es triste que mientras se gasta tanto en las campañas, haya estudiantes que no tienen cuadernos, ya no digamos los que ni siquiera tienen acceso a la escuela. Bueno, podría todo esto ser aceptable si gracias a tanta publicidad, las personas no olvidan las promesas de todos los partidos y exigen para que se hagan realidad con el actuar de todos los electos.

Pero “quien contamina paga” no se refiere sólo a los políticos. Incumbe a todo el que contamina. Por ejemplo, ante los malos olores o los gases emanados por una fábrica, o los residuos que pudren las aguas y el aire, como en el valle de Sébaco, la gente tiene que gastar en recuperar su salud. Ante el ruido de un restaurante, una discoteca, una fábrica, las víctimas, si pueden, tienen que acondicionar sus casas para evitar la inmisión sonora y gastar en medicina debido a los efectos que sufren, pero quien debe asumir todos esos gastos es la empresa que contamina. Dice la Organización Mundial de la Salud que “los responsables de la fuente de ruido deben asumir los costos totales asociados con la contaminación sonora (incluido el monitoreo, manejo, reducción y supervisión)”.

Hay que enfatizar que el principio “quien contamina paga” no se refiere sólo a indemnizar o a mitigar los daños al medioambiente, sino a invertir para evitar la contaminación. No significa que voy a contaminar y luego voy a pagar, sino evitar la contaminación pagando para implementar medidas preventivas; de ahí que los principios del Derecho Ambiental van concatenados: junto a quien contamina paga tenemos los principios de prevención y precaución.

Para asegurar que las empresas indemnicen, hay muchos instrumentos, como el seguro ecológico. Un requisito para cada partido debería ser este seguro no sólo para desmontar la campaña, sino para indemnizar a quienes fueron afectados, por ejemplo, los controlistas de los estruendosos equipos de sonido.

Ojalá que para las futuras campañas los partidos políticos ya tengan seguro ecológico, para que las alcaldías, vale decir el pueblo, no asuman el desmontaje de la basura electoral. Esto debería ser para todas las empresas, instituciones y organizaciones contaminantes.


El Nuevo Diario - Managua, Nicaragua - Miércoles 29 de Noviembre de 2006 - Edición 9446
http://impreso.elnuevodiario.com.ni/2006/11/29/opinion/35085

lunes, 14 de febrero de 2011

El ruido en la escuela puede afectar el aprendizaje

Doraldina Zeledón Úbeda

El Nuevo Diario. Managua. 14 de febrero del 2011.

¿Se preocupan los padres de familia por el ruido en las escuelas? ¿Saben cómo afecta a sus hijos e hijas? Las fuentes de ruido en los centros son muchas: parlantes para orientaciones al inicio de clases, que en algunos casos son ensordecedores, y más bien pueden promover que los alumnos no presten atención. Entonces, están en paralelo el mensaje de los directores y las conversaciones. Timbre, bandas musicales, silbatos, deportes, clases de danza con música a todo volumen, talleres de cocina, carpintería, etc. Ruido externo: transporte, pregones de vendedores ambulantes y publicidad móvil, música del vecindario, voces de transeúntes. Todo esto hace que el ruido en la escuela sea constante y con altos niveles sonoros.

Y hay algo que probablemente no advertimos: la voz de los propios alumnos. Según la Organización Mundial de la Salud, el ruido de fondo en el aula debe ser de 35 decibeles, y 50 decibeles con la voz del maestro. Y a veces hablan varios a la vez, lo que aumenta el nivel sonoro. O cuando se trabaja en grupo, si no aprenden a bajar la voz y a no arrastrar los pupitres, el aula puede ser un factor de riesgo para la salud y el aprendizaje.

Los efectos del ruido en la salud pueden ser: molestias, decaimiento, estrés, cansancio, malestar general, dolor de cabeza, náusea, aumento de la presión arterial, mareos, acidez estomacal.

Efectos en el aprendizaje: incomprensión de textos o explicaciones, falta de concentración, confusión de sonidos semejantes. Esto puede llevar también a la poca participación, dificultades para seguir el hilo de la clase, apatía, aislamiento o desorden.

Habría que agregar los efectos en los alumnos que tienen problemas de audición, y especialmente en aquellos a los que no se les ha diagnosticado, y puede acentuar la poca participación y el aislamiento. Además, al afectar la salud, puede incidir en el rendimiento escolar, por indisposición o ausencias.

Después de pasar expuestos a explosiones de pólvora, a reproductores personales de música, juegos electrónicos, discotecas, etc., sería conveniente realizarles exámenes auditivos, porque si además del ruido de la escuela tienen problemas de audición no controlados, el aprendizaje puede venirse abajo aunque el niño no falte.

Otro factor que influye es el diseño arquitectónico de la escuela, las condiciones de conservación de la infraestructura del edificio, la ubicación. Todo esto constituye un obstáculo para la calidad de la educación, y no sólo en los centros de Preescolar, Primaria y Secundaria, también en la Universidad.

Los esfuerzos por mejorar la educación deberían contemplar normas técnicas para la construcción de centros educativos. Evitar que estén a la orilla de la calle y contar con muro perimetral. Canchas, talleres, bandas musicales, los parqueos deberían estar retirados de las aulas. Debida separación entre salones, con paredes altas para aislar el ruido entre ellos, o al menos cerrar huecos. Los ventanales no deberían dar a la calle, contar con cielorraso, que además de amortiguar el calor disminuye el ruido.

Cuando las posibilidades lo permitan, aplicar normas de aislamiento acústico en aulas, auditorios, bibliotecas y laboratorios. Los pupitres deberían estar acondicionados para hacer el menor ruido posible, por ejemplo, colocar caucho en las patas y ser livianos.

Los docentes pueden hacer mucho con los estudiantes: ejercicios de mover los pupitres sin hacer ruido, bajar la voz para que tengan que hacer silencio. Inducirlos a realizar las actividades sin generar ruido (no tirar las puertas, no gritar, bajar el volumen a equipos de sonido).

Identificar fuentes de ruido en la escuela, en la casa, en el barrio en la ciudad. Hacer un recorrido para escuchar sonidos (paseo sonoro), ir anotando las fuentes y después clasificarlos entre sonidos agradables y ruidos (sonidos no deseados).

Investigar sobre los efectos en la salud, en los derechos humanos. Conocer las leyes. Se debería comenzar desde el primer día de clases, de manera incidental a la hora de dar orientaciones o elaborar las normas sociales de convivencia en la escuela y en el aula.

Además de ver el problema de forma incidental cada vez que se preste el momento, es necesario también abordar el tema de manera directa y específica, para profundizar. Y de forma transversal en todas las asignaturas. Hacer de la clase una práctica integradora, no aislada, inculcar valores, como el respeto a los derechos de los demás, tanto en la escuela como en el hogar y en el vecindario. No sólo aprender a defender su derecho a la tranquilidad y a la salud, al aprendizaje, sino que vayan aprendiendo a respetar a los otros, así formaríamos vecinos y empresarios respetuosos y funcionarios responsables.

El tema se puede abordar desde las Ciencias Sociales en el ámbito urbano: industria, transporte, construcción, recreación, relaciones de vecindad. Desde la cultura: costumbres dañinas, como morteros, pólvora, música a todo volumen, hablar a gritos. Desde las ciencias naturales: la anatomía y fisiología del oído; desde la física, mediante el estudio del sonido; o la tecnología, por ejemplo, los medios portátiles de reproducción musical (mp3) y sus efectos en la audición.

Desde el lenguaje y la literatura hay infinidad de formas para construir un ambiente de paz sonora, comenzando por aprender a callarse para poder escuchar. Igualmente se puede trabajar en clases de música, pintura, teatro.

El tema de la contaminación acústica es parte de la educación ambiental. Hay docentes conscientes, pero algunos se preguntan, ¿cómo hacerlo? La capacitación es necesaria. Y las condiciones. No basta estar conscientes, también hace falta la educación de la voz de los maestros para gritar menos y no terminar afónicos y detrás de pensiones por incapacidad.

¿Y qué les parece un paseo por las escuelas para constatar en qué ambiente sonoro están sus hijos?

jueves, 6 de enero de 2011

Sistema de salud: “¿por qué tiene que ser el único?”

Doraldina Zeledón Úbeda
END - 19:37 - 05/01/2011
http://www.elnuevodiario.com.ni/opinion/91734

“Patch Adams” es la película basada en la historia del médico Hunter Adams. Después del suicidio de su tío, se internó en un psiquiátrico porque también él trató de hacerlo. Lo ubicaron con Rudy, quien tenía miedo a las ardillas que supuestamente invadían la habitación. En lugar de enojarse o pedirle que se callara, lo invitó a que jugaran a matarlas. Logró que pasara feliz y dejara el miedo. En una sesión con el doctor y otros internos, consiguió que éstos disfrutaran del encuentro. Se convenció de que era fácil comunicarse con los demás y ayudarles a mejorar su salud, mientras observaba que los médicos ni siquiera veían a los pacientes cuando hablaban con ellos. Un científico internado le enseñó a “ver lo que los otros no ven, lo que deciden no ver”. Y así, Patch “volvería a encontrar el buen camino, en el lugar más inesperado”.

Decidió salirse del hospital para estudiar medicina, convencido de las carencias del sistema. En la Facultad comienza a cuestionar esquemas y a querer cambiar la indiferencia, la fría relación profesional, por una relación de amor con los pacientes, especialmente mediante la comunicación, incluido el humor. De ahí, el “Médico de la Risa”. Yo diría, el médico comunicador, el médico del amor, aunque por sus conceptos, esto sería redundante.

Patch le da mucha importancia al acto de escuchar. Dice que su tío lo escuchaba, que le ayudaba. Luego él ayuda a los pacientes. “Haciendo algo tan sencillo, como es escuchar, lo que lo convierte en médico”. Consigue el apoyo de las enfermeras que le permiten entrar a las salas a escondidas del Director. También logra ser el mejor alumno. Y su estudioso compañero de habitación, que no creía en sus ideas, le pide ayuda: “sé todo lo necesario, pero no puedo hacerla que coma, tú tienes ese don”.

Cuestiona que a los hospitalizados los llamen por números. Cuando el profesor pregunta si tienen dudas, Patch interroga: “¿cómo se llama la paciente?” Y es aleccionadora su respuesta al Director de la Escuela, quien sí lo comprende, pero le dice: “el sistema es lo que es y es lo que tenemos”. Él le contesta: “¿Por qué tiene que ser el único? ¿Por qué no cambiarlo?” Y demuestra que se puede transformar, cambiando los paradigmas.

Para el Decano los médicos no se deben rebajar hasta los pacientes, porque destruyen la objetividad. Lo censura por pretender modificar las normas, producto de siglos de experiencia. Inclusive le critica ser “demasiado feliz”: si quiere ser payaso, váyase a un circo, los enfermos no buscan un payaso o un amigo, necesitan un médico. Patch afirma que en el psiquiátrico quienes le ayudaron fueron sus compañeros, no los médicos. Y cuando decide organizar su hospital declara que utilizarán el humor para curar y no habrá títulos ni jefes. El objetivo será el amor. Y el aprendizaje, la meta más alta, pero en contacto con las personas. Su método será juntar la teoría con la práctica, donde todos serán médicos y pacientes a la vez. En cambio, en la Facultad buscan el reconocimiento, la bata blanca, el título.

Y creó la clínica. Durante el juicio para ver si continuaba o lo expulsaban por ejercer sin licencia, acepta que es culpable “si dar tratamiento es abrir la puerta a los necesitados, a los que sufren, al que busca ayuda física o sicológica; cuidarlos, escucharlos…”. Y ante la pregunta de qué habría hecho en caso de muerte, responde: “Si vamos a luchar contra la muerte, luchemos contra la indiferencia que es el peor enemigo”. “¿Por qué no tratar la muerte con una dosis de humanidad, dignidad, decencia y si no hay otro remedio, con humor?” “La misión del médico no debería reducirse sólo a prevenir la muerte, sino en mejorar la calidad de vida; por eso, si se trata una enfermedad se gana o se pierde. Si se trata a la persona, puedo garantizarles que siempre se gana, no importa el resultado” Y les dice que quiere ser médico para servir y que si no le permiten seguir en la Facultad, no le impedirán estudiar y ayudar a los demás, aunque no tenga la bata blanca.

Lo que observaba Patch, lo vemos aquí. Y más. En los centros privados los médicos son muy amables, pero algunos, mientras hablamos, están frente a su computadora o con el celular. Y en los mal llamados hospitales gratuitos (pagamos mediante impuestos) no están frente a la computadora, sino ante una gran fila, y no tienen tiempo para volverte a ver. Pero no creo que hagan daño por dolo. El problema es el sistema enfermo o la interrelación de los sistemas que se infectan de forma crónica. Porque esto no es nuevo, pero poco hacemos. Y esperamos que alguien venga a salvarnos. O nos acostumbramos a que “el sistema es lo que es y es lo que tenemos”. Es más cómodo. ¿Por qué no eliminar el sarro que paraliza las pinzas, las mentes, los cuerpos, las instituciones y los sistemas?

Bueno, hay médicos que fabrican tiempo para escuchar y explicar. Dan confianza y devuelven la vida o al menos las ganas de vivir. A lo mejor, en cada hospital y en cada facultad, hay un Patch Adams que no encaje en el sistema, y “aprende a ver lo que los demás no ven o deciden no ver, por temor, conformismo o pereza” y se pregunte “¿por qué no cambiarlo?”

El Dr. Hunter “Patch” Adams es también payaso profesional, conferencista, escritor. Ha estado en hospitales, universidades, institutos de América Latina. Viaja por el mundo llevando salud con alegría y amor.


doraldinazu@gmail.com

miércoles, 22 de diciembre de 2010

“Enseñarás a volar...pero no volarán tu vuelo”

Doraldina Zeledón Úbeda
END - 21:01 - 21/12/2010

Pero sabrás
que cada vez que ellos vuelen, sueñen,
vivan, canten y piensen...

¡Estará en ellos la semilla
del camino enseñado y aprendido
!

Madre Teresa de Calcuta

Desde mi opción por el magisterio, conocí a la profesora Socorro Bonilla. Tuve el placer de ser su alumna en la asignatura “Técnicas de expresión oral”, en la carrera de español. Sí, era placer, porque fue una clase muy bonita. Y exigente. Me gustaba observarla, siempre andaba elegante. Su postura, su vestido y accesorios, sus palabras, todo en ella armonizaba. Su sola presencia hablaba.

Eran sesiones durante las cuales nos daba de todo: rigor, arte, ciencia, sentimientos. Me gustaba, a pesar de la tensión; pues como es lógico, había que expresarse de forma oral. Y cada día sudábamos, esperando que nos llegara el turno de pasar adelante para leer, describir, narrar o argumentar algo. Con ella conocí la declamación coral. Decía que los profesores y las profesoras deberíamos ser artistas.

Lo bonito y lo exigente era aprender a comunicarnos con la voz, el cuerpo, los desplazamientos, la distancia o la cercanía, la mirada, los gestos, el silencio, el sentimiento, la vestimenta, la postura, el formato y tipo de papel que contenía nuestro mensaje; el arreglo del escenario para que no interfiera la comunicación, sino que la permita y la refuerce. Y el uso correcto de las palabras, los sinónimos para evitar el empobrecimiento del lenguaje. Desde encontrar la “palabra exacta”, la estructura de la oración, hasta llegar al discurso, a la organización del pensamiento y su coherencia y enriquecimiento con la expresión oral. Y la coherencia con el ser. Además de todos los requisitos de la forma, las lecturas que seleccionaba tenían un contenido profundo. Recuerdo “El ruiseñor y la rosa” o “Que despierte el leñador”. Las técnicas del discurso se hermanaban con el mensaje para marcar huellas poderosas. Por supuesto, se necesitaba la práctica y dominio del tema que ella tenía.

No olvido el trabajo final. Nos orientó un discurso sobre un escritor nicaragüense. Yo elegí al Dr. Alejandro Dávila Bolaños, que recién lo había matado la guardia de Somoza, de forma terrible. Escribí sobre su vida, la obra y su muerte (lo sacaron del hospital, igual que a otros, los rociaron con gasolina y los quemaron vivos). Recuerdo que cuando leía mi trabajo, se me rodaban las lágrimas, y al ver al público, observé que a varias compañeras les pasaba lo mismo. Era algo muy fuerte y reciente; y me recordaba a familiares y conocidos que murieron durante las insurrecciones de Estelí. Todavía el ruido de los helicópteros rozando el zinc y las miradas de los guardias, me electrizaban la columna. Pensé que no estaba en condiciones de aplicar las técnicas. Y le dije: profesora, ya no puedo seguir. Se me acercó y me contestó, sí puede, lo está haciendo muy bien. Vamos, continúe. Pude contener la emoción y terminé (llorando).

Fue una asignatura que me marcó, además de ser una clase agradable, es útil en todas las profesiones y en cualquier ámbito de la vida. Y sin lugar a dudas, el hecho de aprender a callarme para poder escuchar y observar, fue otro de los elementos que me indujeron a valorar el silencio. O más bien, la ausencia de sonidos molestos, porque el silencio absoluto no existe. Entre más nos callemos, más sonidos escucharemos, inclusive el pensamiento y los sentimientos del interlocutor. Y las voces de nuestro corazón o las que claman sin hablar. O el canto apagado del ruiseñor.

Y cuando en la Universidad me preguntaron si quería impartir la asignatura para la carrera de Periodismo, no la pensé y lo primero que hice fue buscar los folletos de la profesora Socorro Bonilla y hacer mi adaptación. Al evaluar la clase, me preguntaba ¿cómo me evaluaría ella ahora? Porque nos enseñó a volar, pero jamás volaremos su vuelo.

Gracias, Profesora, que un coro de ángeles haya aplaudido a su llegada. Que tenga el escenario ideal para descansar feliz y en paz.

sábado, 18 de diciembre de 2010

Paradojas de la fe con pólvora

Doraldina Zeledón Úbeda
END - 19:50 - 17/12/2010

Creía que la iglesia católica no podría evitar la explosión de pólvora, que si le pidiera a la población que no dispare cohetes, ésta siempre lo haría. Un sacerdote me aclaró: cuando comenzaban los rezos de la Purísima, lo escuché invitando a sus feligreses, desde una radioemisora. Decía que a las cuatro de la madrugada comienzan a tirar cohetes para que la gente se concentre, pero que la procesión comenzaba a las cinco. Las primeras detonaciones son el reloj despertador... ¡Pudieran dejarme dormir una hora más! Creía que la pólvora no era asunto de los párrocos porque cuando pasa la procesión el cura pide a María por “la salud de los que viven en este sector”.

Nos despiertan con el ruido, contaminan con el olor y las partículas, nos ponen en riesgo con las varillas de los cohetes que, todavía con fuego, caen sobre el zinc, quedan entre los árboles, se clavan en los patios y hasta se ensartan en la ropa tendida. Esto puede herir a alguien o generar incendios, como sucedió en los tramos de pólvora, causado por un cohete que cayó en el patio. Así, mientras piden por la salud, afectan el medioambiente y la salud.

¿Será imposible hacerlo sin pólvora y sin parlantes? Un día pasó una procesión diferente. Me llamó la atención y salí a ver. ¡Qué bonito se escuchaban las voces humanas puras! Y eran más claras que cuando pasan con los parlantes, que anulan las voces de la gente, dejando oír sólo la del cura.

La Policía asegura que la venta y uso de pólvora se haga sin problemas, que no haya quemados ni incendios. ¿Y la contaminación atmosférica? ¿Y el olor que queda en las calles y encerrado en las viviendas? ¿Cuánta gente salió afectada por el ruido? ¿Cuánto estrés causa? Y no es un día, se juntan los rezos a la Purísima, la Virgen de Guadalupe, al Niño Dios y por Año Nuevo.

“Policía: Exitoso “Plan María” 2010”, decía un titular. ¿Es un éxito contaminar el ambiente? ¿Es un éxito enfermar por ruido y con todos los contaminantes que componen la pólvora? En nota sobre el trabajo de los Bomberos, se cita que “el manejo de la pólvora ha estado efectivo”. Si contamina y afecta la salud, ¿habrá manejo efectivo? Además, “sólo hubo siete incendios” por “malas prácticas”. Por buenas prácticas, ¿algún periodista preguntó cuántas pérdidas de audición hubo? Claro, como dice un amigo, la pérdida de audición no es tan espectacular como ver los dedos de la mano volando por el aire.

El Ministerio de Salud se prepara para atender a los quemados. ¿Cuántos también tuvieron pérdida de audición? ¿Cuántos de los que llegan por problemas respiratorios fue por causa de la contaminación? ¿Cuánta presión arterial alta fue a causa del ruido? Cuánta acidez estomacal, náuseas, dolor de cabeza, etc. Sería interesante tener estadísticas.

La Procuraduría Ambiental dice que para ella “el ruido es una prioridad”. Y ha invitado a la población para que denuncie. ¿Por qué no incidir para la prevención en vez de esperar que se queje? Cuando la gente reclama es porque ya el problema se dio y es insoportable; es decir, porque quienes tienen la obligación de prevenir, han fallado. Desde que invitan a denunciar es porque poco hicieron para evitarlo.

El Instituto de Turismo podría impulsar celebraciones sin pólvora, pero ya hasta sobre las aguas del Río San Juan estalló el ruido. A lo mejor también retumbó en el Cañón de Somoto. Y la Alcaldía, responsable por el medioambiente y la salud de los habitantes de su municipio, ¿qué hace para evitar el ruido? Podría fomentar actividades sin amplificadores y sin pólvora.

Y en algunas noticias pareciera que los Medios la promueven, como sucede con la nota titulada “Cuidado con la pólvora de baja calidad. La del dragoncito es la original.” Según la ¿información? ¿publicidad?, esta marca es mejor, no como las “que ponen en riesgo a las personas que manipulan esta pólvora y a la población en general”. La otra, la “buena”, ¿no pone en riesgo el medioambiente y a las personas? Inclusive se recuerda que esta marca “de buena calidad” da instrucciones para manejarla: “en los combos de pólvora que ellos diseñan para niños, jóvenes y adultos viene un menú instructivo donde se indica cómo se debe usar”. Me da la impresión que la redactó el dragoncito.

Así, en medio de contradicciones, con ruido y pólvora le cantamos a la Embajadora de la Paz. Y, desde el Estado laico, se celebra como un acto religioso.

Pero es alentador saber que Nagarote se perfumó con el olor de la flor del madroño para recibir a María y a su Niño: en vez de cortarlos para adorno, sembró más. Ojalá que el Alcalde vele para que el gris olor a pólvora no manche el blanco olor de nuestro árbol nacional. Y que los ruidos estruendosos no enmudezcan los arrullos de la Madre para que nuestro Pipito lindo pueda dormir en Nagarote.


Pintura de Leoncio Sáenz

¿Qué hacer ante la complicidad y omisión de las autoridades?
- Aléjese del lugar donde se explota la pólvora
- Use tapones auditivos
- Donde la contaminación atmosférica es mucha, o si tiene problemas respiratorios, use mascarillas
- Proteja a los niños y a personas mayores
- Proteja a su perro
- Para la próxima, podemos promover celebraciones con coros, sin pólvora y sin parlantes. Cada iglesia, cada escuela, cada barrio podría formar sus grupos. Sería maravilloso oír voces humanas armonizadas en las procesiones y en los altares.


¡Feliz Navidad! Y un Año Nuevo con menos ruido.

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